miércoles, 11 de febrero de 2026

Misteriosas y sobrecogedoras historias sobre árboles asesinos

 




Nuestro planeta está lleno de árboles, considerados por la mayoría como una mera parte del paisaje, un mar verde tranquilo en el que vivimos. Nadie suele dar mucha importancia a los árboles, y ciertamente no son considerados especialmente amenazantes o mortales. Sin embargo, a lo largo de nuestra historia ha habido leyendas sobre algunos árboles que desafían esta tendencia, que no sólo infundían miedo, sino que además mataban. Estos árboles misteriosos se negaban a ser sólo parte del paisaje, y parecía que tenían sed de sangre. Amenazan el mundo que les rodea y los consideran portadores de demonios y espíritus siniestros, mucho más que una simple colección de ramas, hojas, y un tronco.


Elassia eléctrica, el árbol eléctrico de la muerte


Hay una gran cantidad de historias acerca árboles asesinos en todo el mundo. Una muy peculiar ocurrió en 1885, cuando una expedición alemana de Nueva Guinea, bajo el mando del teniente Lieutenant von Immer Gassende y junto con el prestigioso geólogo Dr. Henry Barnard Kümmel, encontraron un árbol singularmente extraño y potencialmente mortal en las espesas selvas. En su viaje, la expedición tuvo que hacer frente a la selva pantanosa, tribus de nativos hostiles, y enjambres de criaturas venenosas. Después de un agotador viaje de 12 días a través de la vegetación casi impenetrable, finalmente encontraron un precioso valle en medio de la nada. Pero lo que parecía ser un lugar idílico, pronto se convertirá en una auténtica pesadilla. El teniente Lieutenant explicó en sus memorias que su brújula empezó a moverse sin sentido alguno. Al rato comenzaron a ver varios esqueletos de animales esparcidos por los claros, además de la curiosa ausencia de los sonidos habituales de la selva.


Mientras que el Dr. Kümmel recogía nuevos especímenes de animales y plantas, encontró un enorme árbol en un claro, una especie que no había visto antes. Uno de los soldados cogió una protuberancia carnosa con su machete. Entre los restos de carne putrefacta había una especie de extraño núcleo de color negro. El Dr. Kümmel, que nunca había visto nada igual, fue a recoger la muestra cuando de repente grito de dolor. Cuando los otros miembros de la expedición le preguntaron qué le había sucedido, este les explicó que en el momento de recoger la muestra sintió por todo su cuerpo una potente descarga eléctrica. Otro de los hombres también trató de recoger la muestra y experimentó lo mismo, pero en este caso fue mucho más fuerte ya que el soldado quedó completamente aturdido sin poder hablar.


Fue entonces cuando el teniente Lieutenant decidió hacer un experimento. Cogió un trozo de alambre de cobre, lo colocó en el extremo de cada lado de la muestra y seguidamente se generó una reacción violenta. Todos los presentes se quedaron atónitos y fueron testigos de cómo el extraño árbol tenia corriente propia. Por desgracia, la expedición se vio obligada a regresar después de que el teniente Lieutenant enfermara gravemente. Dicen que consiguieron llevarse muestras de este árbol “sobrenatural”, sin embargo, a día de hoy no se sabe el paradero. El Dr. Kümmel dijo que el extraño árbol era el causante de la muerte de los animales mediante descargas eléctricas, por lo que bautizó a la nueva especie como “Elassia eléctrica”. No está claro si el supuesto árbol eléctrico de Nueva Guinea en realidad era carnívoro o simplemente atacó con sus poderes sobrenaturales para fines defensivos.


Jubokko, los arboles vampíricos


Y por si un árbol eléctrico no es los suficientemente extraño, mas misterioso y aterrador es un árbol vampírico en los bosques de Japón. Se dice que en los lugares donde había habido derramamiento de sangre como en campos de batalla o lugares de ejecución, crecen árboles que se alimentan de la sangre. Llamados Jubokko, estos “seres vampíricos” están ocultos entre las ramas, hojas y tronco. Lejos de estar completamente satisfechos de alimentarse de la sangre de los muertos o ejecutados, llegan a agarrar y enredar a todo aquel valiente que se acerca demasiado, drenado su sangre hasta dejarlos como una cáscara sin vida. Debido a su astucia despiadada, se creía que el árbol crecía intencionadamente entre otros árboles normales con el fin de estar a la espera de los transeúntes desprevenidos.

Otras historias dicen que cuando se corta una rama del Jubokko, de este brota sangre roja. Aunque también hay que decir que si uno tiene la suerte de escapar de sus garras, adquirirá increíbles cualidades medicinales. También se creía que el Jubokko sanaba rápidamente y cuando alguien le infligía cualquier daño, los cortes desaparecían rápidamente.



Otras de las capacidades sobrenaturales atribuidas a estos árboles vampíricos era el de confundir la mente, así como la capacidad de hablar con otras plantas. También hay tradiciones que dicen que los Jubokkos comenzaron como árboles normales, pero que poco a poco fueron deformándose y retorciéndose por la tierra manchada de sangre. Mientras que la mayoría creen que los Jubokkos son folklore puro, sin duda las historias que los rodean son de las más siniestras de Japón.



La historia de Bohon Upas


A parte de las historias, mitos y legendas a lo largo de la historia relacionados con los arboles asesinos, también hay casos bien documentados. La historia de Bohon Upas se hizo popular en el siglo 18, cuando un médico alemán llamado J.N. Foersch afirmó en un artículo publicado en la revista “The London Magazine” en 1783 que había recogido varios testimonios reales sobre la existencia de estos árboles asesinos cuando viajo a las Indias Orientales Neerlandesas como cirujano, por lo que decidió preparar una expedición para encontrarlos.


En sus memorias, Foersch afirmó que sólo existía uno de estos árboles, y que lo encontró oculto en la selva, protegido por altas montañas. Según el médico alemán, la tierra alrededor del árbol estaba desprovisto de toda vegetación, ni siquiera una simple hierba, y cada animal que entraba acababa muriendo rápidamente por un gas nocivo, e incluso los pájaros que volaban sobre la zona caían muertos espontáneamente. Foersch afirmó que recorrió este desierto mortal y que lo guió un viejo ermitaño que vivía en la zona, con el fin de proporcionar la extremaunción a los criminales.


El viejo ermitaño explicó al médico alemán que estos delincuentes tenían dos opciones, o coger la resina del árbol asesino o una sentencia de muerte. Antes de entrar a la “zona prohibida”, estos criminales se vestían con ropa de protección que consistía en una gorra de cuero de largo y guantes resistentes. De acuerdo con el ermitaño, sólo uno de cada diez de estas pobres almas conseguía regresar con vida. Foersch explicó que la resina tóxica del árbol era utilizada para ejecutar a los criminales, e incluso afirmó haber sido testigo del poder del veneno, diciendo que las víctimas morían entre terrible sufrimiento.


En su momento se puso en duda la existencia de este árbol, con algunos botánicos afirmando que un árbol así no podía existir. Pero por increíble que parezca, a día de hoy se ha demostrado su existencia, aunque los científicos aseguran que Foersch exagero la historia. En Indonesia hay un árbol que produce un veneno mortal que los lugareños usan para envenenar las flechas con punta, pero el árbol no produce gases tóxicos que matan a todo aquel que se acerca. También hay un “círculo estéril de la muerte” que rodea el árbol, pero se cree que es el resultado de los gases tóxicos generados por un volcán extinto llamado Guava Upas, que tenía un cráter que arrojaba gas carbónico y azufre. Incluso así, se desconoce si el árbol Bohon Upas realmente existió o no, pero es una historia intrigante.


No sabemos realmente si alguno de estos árboles asesinos existió o no. Sin embargo, de lo que podemos estar seguros es que algunos árboles están ocultos en oscuros espacios naturales en las regiones remotas del mundo. Solamente pensar en la existencia de árboles depredadores o sobrenaturales es inquietante y misterioso, y si realmente existen, entonces estaríamos hablando de otro tipo de naturaleza que va más allá de lo que podemos comprender.















viernes, 30 de enero de 2026

Fantasía lésbica segun Star Trek

 

Fantasía lésbica según un activista woke:




Fantasía lésbica según un fan:



Fantasía lésbica según un verdadero fan:












miércoles, 21 de enero de 2026

Spots publicitarios que realmente dan miedo (de Chile y Colombia)

 




Los spots publicitarios, anuncios o simplemente comerciales pueden ser o no ser arte, no voy a discutir eso aquí, solo señalar que, además de impulsar el deseo de comprar tal o cual producto, los comerciales pueden provocar sensaciones, y entre esas sensaciones esta el terror, miedo, inquietud o simple rechazo, como podemos ver a continuación.

Publicidad terrorífica chilena

Publicidad terrorífica chilena parte II

Publicidad terrorífica colombiana por Cuki Kuin

Mas comerciales perturbadores, esta vez internacionales


sábado, 3 de enero de 2026

Piel de sapo para expandir la mente (Cuento)

 Un cuento de mi autoria perteneciente al Universo de la AGIAT.


Iquique, Chile, otoño

Natalia se encontraba en su habitación, mirando a través de la ventana, fumando, observando el urbanizado horizonte. El cielo estaba nublado y gris, tan gris como los edificios de departamentos y oficinas que podía ver. De vez en cuando miraba hacia la calle, varios pisos más abajo, buscando a alguien entre la multitud, y luego echaba una mirada a su celular, esperando algo.

Volvió a mirar abajo, distraídamente, sin fijarse en nada en especial. Ya empezaba el atardecer, pero aun muchas personas caminaban ocupándose en sus propios asuntos, pero ninguno de ellos era Mario, su novio. De vez en cuando pasaba alguien que podría ser el, pero tras observarlo con mayor atención, descartaba esa idea.

De pronto vio algo que le llamo la atención, alguien (¿hombre, mujer?) cuya cabellera negra brillo por un momento en azul al reflejarse en su cabeza un rayo de sol. Fueron unos pocos segundos, y luego ese brillo desapareció al subirse el dueño de esa cabellera a un autobús del transporte público. El aura luminosa que rodeo su cabeza fue notoria incluso a la distancia en la que estaba Natalia, lo cual la dejo intrigada… ¿Qué seria eso? No estaba seguro si era un hombre o una mujer, en todo caso parecía ser alguien muy bajito, comparándolo con las demás personas en la calle ¿Tal vez un hada? Las hadas solían tener un brillo especial en el cabello (¿Cómo era esa palabra, cuando una cosa brillaba y reflejaba la luz de un modo especial?) al menos algunas, y en Iquique, y prácticamente todo Chile, las criaturas no-humanas más comunes, y generalmente las únicas, eran las hadas, aunque la mayoría no eran hadas “puras” sino semihadas, mestizas mitad humanas, o mayormente humanas, bajitas de estatura y de orejas puntiagudas, y con suerte con bonito cabello brillante (iridiscente, esa era la palabra) y ojos extrañamente grandes, pero mediocres en la magia e incluso incapaces de volar.

Su mente empezó a divagar, recordando como a las semihadas -especialmente a las femeninas- se las consideraba atractivas por sus ojos claros, piel suave y cabello brillante, y muchas tenían facilidad para seguir carreras en el modelaje y la televisión, sin importar si realmente tenían talento para la actuación… Había un poco de fetichismo en eso, y recordaba también carteles pegados en la calle donde solicitaban a “señoritas de entre 18 a 35 años” para trabajar “en un privado” como “damas de compañía” (es decir prostitución legalizada) y muchos de esos carteles recalcaban la frase “de preferencia señoritas con ascendencia faérica notoria”

(Su mente siguió divagando, y empezó a recordar una época en su vida, apenas tres años atrás, cuando era una estudiante sin recursos y con muchos aprietos económicos, una época donde ella empezó a mirar con interés, esperanza y ligera repulsión esos mismos carteles de “se buscan señorita”)

Finalmente escucho un pitido en su celular, lo cual interrumpió el curso de sus pensamientos (para su alivio… ) Lo reviso encontrándose con un mensaje de Mario, una frase que solo tendría sentido para ellos dos.

-Ya llego, los sapos están listos (emoji carita sonriente)

Se aparto de la ventana, arrojo la colilla de cigarro al lavaplatos y a continuación saco otro cigarrillo… pero lo pensó mejor y lo guardo.

Un minuto más tarde alguien golpeo a la puerta de su departamento, y ella le abrió.

-Llegué, lo traje todo ¿estas lista? -Mario, gordo, con barba y su infaltable polera con el nombre de una desconocida banda de rock indie, entró como si fuera el dueño del lugar, sin saludar y cargando una caja de zapatos.

-Saluda al menos ¿Qué acaso dormimos juntos? -Dijo Natalia sin disimular su molestia.

-Bah, disculpa -se acercó y le dio un beso en la mejilla- Hola… ¿estas lista?

-Yo sí ¿Hay que preparar algo, colocar o usar algo?

-No, solo cerrar las ventanas… y creo que con una luz tenue bastara.

Unos minutos más tarde, con las cortinas cerradas, una única lampara encendida y habiendo
despejado el centro de la habitación, Mario Y Natalia se sentaron con las piernas cruzadas sobre la alfombra, y en medio de ambos la caja de zapatos. La lampara apenas era suficiente como para crear un circulo de luz que los abarcaba a ambos y a la caja, llenado de sombras alargadas las paredes.

-¿Cómo lo conseguiste?

-Se dice el milagro pero no el santo… Tengo contactos, ya sabes.

Mario levantó la tapa y sacó lo que la caja contenía. A Natalia, al principio, con la leve luz, le pareció completamente negro, pero luego se dio cuenta de que su color era más bien un pardo verdoso en el lomo y toda su parte superior, y más claro en el vientre. Era un sapo, un enorme sapo gordo y de aspecto verrugoso, si Natalia fuera bióloga lo habría identificado como un Incilius alvarius, o sapo del desierto de Sonora, pero también habría notado unas diferencias anatómicas leves pero evidentes y habría llegado a la conclusión de que se trataba de un ejemplar de otra especie, sin duda de la misma familia Incilius, pero no un sapo de Sonora. Pero Natalia no era bióloga, y para ella era solo un sapo de aspecto desagradable e hinchado, pero hasta ella noto que su piel se veía seca y apagada.

-¿Esta… bien?

-Supongo, debe haber estado mucho tiempo dentro de la caja, a mis “contactos” tampoco le fue fácil conseguirlo. -La miró fijamente y repitió- ¿Estas lista?

-Yo… -Natalia suspiró, volvió a cuestionarse como su novio la convencio de participar en este experimento- ok, vamos a hacerlo, pero sería mejor uno primero y después el otro.

-No ¿por qué?

-Sería más seguro.

-Esto es seguro, los Aymaras de Guatemala han estado lamiendo estas cosas por siglos, para sus rituales ayahuasticos.

Natalia no era antropóloga, pero hasta ella sabía que los Aymaras eran un pueblo indígena que vivía principalmente en Perú, Bolivia y Chile, muy lejos de Guatemala, y también sabia que “ayahuastico” no era una palabra real, pero prefirió no decir nada.

-Vamos, esto va a ser genial, no hay ningún peligro si iniciamos el viaje juntos, será mejor así, más místico, mas… eh, místico, más espiritual, solo recuerda la vez que probamos la ayahuasca ¿Lo recuerdas?

Natalia lo recordaba, una de sus experiencias -LA experiencia- más alucinante de su vida, recuerda que llego a ver duendes, si, duendes, y no solo a verlos, llego a tocarlos, tal como ahora sentía la áspera textura de la alfombra bajo sus pies desnudos.

-Así que… ¿Vamos en serio o no?

-Dale, vamos.

Mario apretó al sapo entre sus manos y le hundió las uñas en su piel, el animal, que había permanecido quieto hasta entonces se agito e intento escapar.

-¡Oye, que haces!

-Hay que estresarlo, solo así sueltan los alucinógenos.

Natalia no dijo nada, pero, aunque el animal le resultaba repugnante, no le gustaba que lo maltrataran gratuitamente, tampoco le gustaba la mirada del sapo, a pesar de sus ojos vacuos e inexpresivos, le parecía que su mirada expresaba ira y furia, como si quisiera matar a sus atormentadores.

-Creo que ya está bien, la piel como que se le nota más húmeda… ¿Lista?

No había más remedio, ya habían llegado muy lejos, y mientras ella repasaba mentalmente las precauciones que habían tomado (cuchillos escondidos, ventanas con las cortinas cerradas, puerta cerrada, gas cortado) Mario le dio el primer lengüetazo al sapo.

Y después otro.

-No siento nada todavía -otro lengüetazo- hay que esperar a que haga efecto.

Y se lo entrego a Natalia.

“Dios, como fue que llegue a esto” Y con repugnancia lamio al bicharraco. Sorprendentemente, no tenía mal sabor, o mejor dicho, no tenía sabor a nada, un par de lamidas después se lo devolvió a Mario.

-¿Sientes algo?

-No.

-¿Sientes cómo se expanden tus sentidos, como se abren las puertas de la percepción, como tu mente se ilumina y rompe las barreras de la mediocridad y la monotonía, para entrar en contacto con el Cosmos y sus secretos?

-No.

Varios minutos y un par de lamidas después aun no pasaba nada.

-Esperemos.

Minutos después, aun nada.

-La dosis no es suficiente, hay que volver a lamer.

Nada.

Natalia creyó por un momento escuchar algo, afuera, en el exterior. Pero luego se dio cuenta de que no era así, solo fue su imaginación, ningún sonido extraño venia de afuera.

De hecho, ningún sonido venia de afuera, y no era tan tarde como para que los ruidos del tráfico desaparecieran.

-Creo que me estafaron -dijo Mario minutos después- Ya deberíamos sentir algo… Creo que voy a conversar con alguien, alguien me debe una explicación.

Natalia se levantó, en cierto modo se sentía aliviada, y a la vez algo decepcionada.

Camino hacia la ventana y corrió la cortina.

Al principio solo sintió confusión, eso por unos pocos segundos, luego sorpresa, la cual paso
demasiado rápido, y después pavor, que llego como una ola golpeando y estallando en espuma, y también una idea. Una que alivio el pavor y miedo que la inundaban.

“Estoy alucinando… realmente estoy alucinando, las lamidas finalmente tuvieron efecto”


El cielo estaba rojo, no rojo como al atardecer, sino rojo sangre, y la luz teñía también de rojo a los edificios y a todo lo que podía ver desde la ventana, abajo, en vez de una multitud y autos, corría un rio rojo, espeso y burbujeante.

Y arriba estaba el sol, de un tono de rojo menos intenso, y mirarlo directamente no heria la vista.
No, no era el sol, lo que había en el cielo parpadeo, se movió, y formo un iris carmesí.

Y luego miró directamente a Natalia.

-Mario… ¡Esto es increíble! ¡La mejor alucinación que tenido en mi vida! -Natalia se sentía llena de vértigo, como si caminara por el borde de un precipicio.

Y el ojo la miro y parpadeo, diciendole:

No estas alucinando.

Y Natalia comenzó a gritar.