domingo, 7 de abril de 2024

El experimento que intento probar los poderes medicinales del color rojo

 

Los Casacas Rojas Ingleses


La historia comienza a finales del siglo XIX, cuando el ejército británico empieza a abandonar el tradicional colo rojo, pero los soldados y oficiales se buscan toda clase de excusas para resistirse: afirmaban que, cuando vestían de rojo, soportaban mejor las temperaturas tropicales.

Parece ser que tal idea llegó a ser tomada en serio y terminó interesando a algunos investigadores médicos: en el "Medical Bulletin" de los EEUU de junio de 1893 se menciona la "muy extendida idea de que la ropa interior roja posee un valor médico oculto"; se dudaba de si era una cuestión psicológica, o tenía alguna causa física.

Ni cortos ni perezosos, las autoridades científicas del ejército de los EEUU decidieron realizar un estudio para contrastar tal creencia, y así, en 1907 un tal teniente coronel William T. Wood, entonces inspector general del ejército en la recién conquistada Filipinas se lo encargó a un equipo de investigadores, dirigido por el oficial médico James M. Phalen. Dicho equipo seleccionó a mil soldados como "conejillos de indias", clasificados por peso, altura, color de piel y pelo, etc. y a otros mil como grupo de control, y encargaron ropa interior de color rojo para los primeros, y blanca para los segundos. Durante tres años, tendrían que realizar exámenes médicos y psicológicos periódicos para comparar resultados.

El primer problema surgió cuando llegó el cargamento desde Filadelfia en diciembre de 1908, y se encontraron con que el contratista había pensado que era para los soldados filipinos, más pequeños que los estadounidenses (los más mal pensados piensan que se equivocaron a propósito para ahorrar costes): en cualquier caso, se tuvo que sacar del estudio a los reclutas más grandes, reduciéndose a la mitad el número de sujetos.

El segundo problema fue que los gayumbos rojos eran de un algodón no demasiado apropiado para el clima tropical precisamente: los desafortunados elegidos para llevarlos se quejaban de picores y exceso de sudoración en salva sea la parte, lo cual, a su vez, era causa de guasa constante por parte de sus compañeros de unidad. Por otra parte, el colorante no debía de ser mucha calidad, puesto que, tras unos lavados, descolorían y parecían rosas o, peor, amarilleaban, lo cual daba lugar a más situaciones embarazosas.

Tras tres años de estudios, los desgraciados que quedaban se quejaban de picores, cansancio, dolor de cabeza, mareos, fiebre, visión borrosa, cólicos y ampollas. Los exámenes médicos mostraban pérdida de peso, caída de la tensión sanguínea y anemia, comparados con el grupo de control, con lo cual se dio por terminado el estudio y se abandonó la idea.

Eso sí, sirvió para que el doctor Phalen pudiese dar una conferencia en el congreso de la Asociación de Medicina Tropical del Extremo Oriente (seguro que más amena para los asistentes que la enésima charla sobre la malaria) y una publicación en la Revista Filipina de Ciencias (1) concluyendo que el caqui daba mejores resultados.


Imagen
El coronel Phalen, mostrando su satisfacción por el deber cumplido.


Fuente:  "An Experiment with Orange-Red Underwear," Philippine Journal of Science 5 (Dec. 1910): 525-46.






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