lunes, 26 de julio de 2021

Microcuentos de los Mitos de Cthulhu

 


Publicados originalmente en El Dossier Lovecraft.


Últimas notas

Nicolas Bascuñán

Sentado aquí en mi casa, empiezo a escribir mis últimas notas. Miro por la ventana un rojo atardecer de mi puerto Valparaiso, mientras una relajante música vibra en mis oidos, es como un réquiem universal, ya que, las demás casas todas puestas bellamente en los cerros que rodean a la mía, que con una inmejorable vista hacia la costa, se puede ver como éstas son tapadas por la supuestas sombras de un anochecer, que trae consigo el atemorizante olor de la muerte. Al pensar en tiempos pasados, puedo darme cuenta que todo pudo ser evitado, pero uno no sabe cuánto la curiosidad del hombre puede llegar a ser un problema, que incluso involucre a toda la humanidad. Pienso cuándo traje ese maldito libro desde la Universidad de Buenos Aires y que como un niño jugué con esas invocaciones pensando que no traería problemas, pero ya veo, los infernales y apocalipticos sueños que se han apoderado de mi en los ultimos meses, en este atardecer se levantan y se hacen realidad!

Veo como ya las aguas se agitan, los animales se alborotan y ese maldito olor se apodera de todo el puerto. Ya casi ha desaparecido el sol en el horizonte que refleja en los cerros la infernal sombra de sus tentáculos, y con ello en mi mente aparacen alucinaciones de mundos subterráneos y seres primigenios, que mi mente soporta en un evidente estado de shock... ¡Ya no puedo soportarlo! Se me revelan blasfemias arcanas... se me dice como será nuestro planeta... me maldigo en el momento en que leí el... caigo en la locu... destruye todo... veo montañas... se repite en mi mente ¡iä nglui pstraar ngai, ngai chthulu¡ ¿Dónde está el dios al que me confié toda la vida? ¡Nooooooooooooo...!


Inicios

Alan A. 

Aún no era muy tarde. Sus muñecas aparecían moráceas ante la luz de la madrugada; estaba desnuda y las ramas de los  árboles de New Hamsphire rasgaban su cuerpo mientras corría, alejándose de aquellas piedras planas y de los sonidos... primero cánticos y después gritos y huesos rotos. La herida en su pecho sangraba, pero seguía corriendo, no le extrañaba que el corte fuera poco profundo, eran sólo aprendices; en cuanto vieron el portal su fe se disolvió. Faltaba muy poco para el amanecer, sabía que con la luz todo terminaría. Pero aún no era muy tarde. La obscuridad era su aliada y su forma, y la carne su alimento. "Te tengo", fue el pensamiento que se formo en su nebulosa. Podía saborear el rastro de sangre que dejaba la chica; y sentir la vibración en el aire que provocaban sus gritos. Qué importaba que el sacrificio pudiera escuchar el batir de sus alas.



La torre

Fabián S. González 

Desde esa esquina se puede ver la torre. Si el testigo abandona por un segundo el ruido de la vida porteña, descubrirá tras las paredes circulares un aquelarre. El eco del mismo lugar que la humanidad reguarda en la penumbra bajo diferentes disfraces. La esencia de los cimientos de construcciones tan antiguas como las pirámides y Stonehenge. Allí se suceden acontecimientos -incluso próximos a lo cotidiano- que atraen a hados y demonios.

Fue lupanar y fumadero de opio. Acaso alguno de sus visitantes haya dejado el alma allí preso del puñal de un malevo. Pero fue cuando llegó aquella artista pálida, María Krum, que su esencia brotó al fin. Recuerdo que apenas salía para hacer visitas a la universidad. Fue en su biblioteca donde hojeó las páginas del prohibido Necronomicón. Mortal fue su curiosidad por la que recitó aquel hechizo. Quizá creyó que las paredes sin ángulos la protegerían de los sabuesos. Pero esas criaturas son hábiles, impetuosas, insaciables. Los vecinos oyeron el grito del día en que murió. Ahora forma parte de la superstición barrial. Pero yo sigo oyendo su sufrimiento y el jadeo de los Perros de Tíndalos que olfatean, hurgan y rastrean en la torre.


Más o menos de su edad

Carles Bellver Torlà 

Se oyó otro chapoteo y aquello volvió a aparecer: apenas una ondulación del agua y un rastro de burbujas.

-Vámonos de una vez -insistió David nerviosamente-. No es más que una carpa, y ya hace rato que ha anochecido. Menos mal que hay luna llena. En casa me van a echar una buena bronca...

-Vete tu si quieres -contestó Óscar-. Yo me quedo.

En cuanto su compañero se hubo marchado, Óscar se quitó la ropa y se metió en el agua. Se había dado cuenta de que era una hembra más o menos de su edad y se moría por juguetear con ella.


Cómo obtuvo Danvers una plaza en Miskatonic

Carles Bellver Torlà 

La tesis doctoral de Danvers, Secret Worships and Witchcraft in Deep New England, mereció los elogios y felicitaciones de todo el tribunal. Al salir del Aula Magna su tutor le pidió que le acompañara al despacho.

-Creo que ha llegado el momento de que lea algo más -le dijo al tiempo que le entregaba un volumen de tamaño medio mal encuadernado.

Volvió al día siguiente, sin afeitar y con los ojos irritados.

-Ese libro me está volviendo loco. Si lo que dice ahí es verdad, mi tesis no es más que un cuento para niños.

Su tutor soltó una terrible carcajada. Arrancó de un tirón las cubiertas del libro y las reemplazó por otras en las que se leía un título fatídico: Necronomicon.

-¡Ahora ya eres uno de los nuestros! -exclamó, y abandonó su despacho sin dejar de reír.

Danvers se quedó a solas con su pánico. Estuvo aullando toda la noche, hasta la madrugada. Por la mañana, muy temprano, acudió a la secretaría del Departamento de Religiones Comparadas para firmar su contrato.





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