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lunes, 20 de julio de 2026

Hora de Creepypastas

 



 

El sótano

Oír pasos cuando uno está en el sótano no es que sea algo poco común, por eso no pensé en nada particular cuando empecé a oír ruidos sordos que provenían del rellano que está justo encima mío. Simplemente pensé que sería mi hermano y seguí con lo que estaba haciendo en ese momento. Tras dos minutos de golpes empecé a cabrearme. Cada vez sonaban más y más fuertes, y no podía dejar de preguntarme qué demonios estaba haciendo mi hermano a estas horas de la noche. Me quedé sentado escuchando sin hacer otra cosa, ya que era imposible concentrarse con ese jaleo, daba la impresión de que alguien estaba corriendo como un loco por el rellano de mi casa.

Los pasos se volvían más rápidos y salvajes, casi juraría que estaba creando una especie de ritmo con ellos. Llegó a un punto en que lo pasos era tan rápidos y tan salvajes que comprendí que lo que sea que hiciese eso, no podía ser humano. Ningún humano puede moverse así.

“¡¿Que cojones haces?!” grité finalmente, y en ese momento, todo ruido cesó completamente, al menos por un momento, hasta que empecé a oír lentos pasos que se dirigían a la puerta que daba al sótano. La puerta se abrió y los pasos cesaron nuevamente. Me pasé tres minutos escuchando sólo mi respiración, entonces suspiré, parecía que todo había acabado. Parece ser que algo estaba también escuchando atentamente porque de repente empecé a escuchar pasos que bajaban por las escaleras del sótano, pegué un salto de la silla y empecé a correr hacia el armario más cercano para esconderme, dándome tiempo a ver a la criatura grotesca, de cuatro patas y sin pelo que se acercaba bailando hacia mi con su ritmo intoxicante. Me lancé al armario y cerré la puerta de un portazo. Tras medio segundo de silencio, empecé a oír el mismo ritmo en la puerta del armario.

El ritmo sigue y sigue sin pausa, sin descanso, sin alivio. Llevo horas aquí y a veces me sorprendo a mí mismo siguiendo la melodía con el golpeteo de mis dedos. Pero de pronto, tan rápido con vino se fue. Espero unos momentos, miro afuera y se ha ido. Enciendo las luces y me dejo caer en la silla, estoy a salvo. Me relajo por momentos y pienso en lo que acaba de ocurrir, pero de pronto descubro que mis pies golpetean el suelo. A lo mejor esta canción no está tan mal, casi me gusta lo suficiente como para bailarla. Pongo en el suelo mis manos y mis pies, y empiezo.

 

10 Leyendas:

1-El túnel

 

El muchacho ya no sabía cuánto tiempo llevaba caminando por el oscuro e infestado túnel, empezaba a perder el juicio. Lo único que lograba mantenerlo cuerdo era que ya podía ver el final del camino y oler los pútridos gases que el pantano libera de noche. La tentación de salir corriendo era abrumadora, prácticamente le dolía contenerse. Un paso en falso y los monstruos necrófilos le escucharían, haciendo que todo su esfuerzo fuese en vano. El muchacho, casi involuntariamente, apresuró su andar, pateando una pequeña roca. Un rugido penetró al silencio e incontables ojos rojos despertaron, violando a las tinieblas.

 

2-El reflejo

 

Allí estaba Fernando, con los pantalones meados tras ver a su propio reflejo salir del espejo perteneciente al recién difunto conserje. El espectro se acercó a Fernando y con una sonrisa en su rostro dijo:

 

— Tienes miedo, es evidente. Como tú, yo soy un cobarde… En verdad odio serlo, pero hay algo que odio aún más. A ti, es por ti que somos tan patéticos. Despreocúpate, pronto no habrá razón para temer.

 

El reflejo de Fernando tomó un clavo y comenzó a despellejar a sí mismo, Fernando aulló de dolor, podía sentir como su piel se desprendía de su carne.

 

3-Un viaje sin retorno

 

No somos muchos, no somos pocos, somos los justos y necesarios. Rubén y Carlos son los expertos en alpinismo, Tania es nuestra experta en primeros auxilios, y yo soy la líder de la expedición y analista de riesgos. Entonces, ¿Por qué estamos en esta situación? ¿Por qué estamos Tania y yo colgando de las cuerdas a punto de arrastrar a Rubén y Carlos al vacío?

 

Carlos me tiende su mano, no logró alcanzarla por centímetros apenas, miró a Tania a mis espaldas, un cuchillo se mueve torpemente en sus manos mientras intenta cortar la soga. Le grito, la tormenta me enmudece.

 

4-Y para cenar, dedos a la plancha

 

Pocos lugares del mundo son tan crueles como las cárceles. Existe una en particular, tan temida, que muchos de los que son sentenciados a una condena larga en ese lugar, prefieren morder sus lenguas para morir desangrados antes de llegar allí. La mayor razón para este temor es el viejo cocinero de la cárcel. Lo terrorífico de este chef, es que cuando un prisionero es sentenciado a muerte, el cocinero se deleita cocinando y sirviendo al ejecutado a los demás reos. Aquel “alimento” es servido durante varios días, si alguien se rehúsa a comer, por lo general enferma y muere.

 

5-777

 

Hay un mito que quiero desmentir desde hace mucho, me refiero a ese que dice que si quiebras un espejo recibirás 7 años de mala suerte. Son patrañas que solo gente descerebrada podría creer. Pero esto no quiere decir que romper un espejo no tenga consecuencias, todo depende de lo que el espejo estuviese reflejando en el momento de quebrarse. Si el espejo no reflejaba nada vivo, no habrá inconvenientes… Pero sí en cambio, una persona es reflejada en el momento en que el espejo es destruido, dicha persona perderá siete años, siete meses y siete días de su vida…

 

6-Werewolf

 

La noche llega a su fin, volver a ser yo mismo duele tanto como transformarme en la bestia, puedo sentir mis huesos rompiéndose y reacomodándose una y otra vez, no creo que llegue el día en el que me acostumbre a esto. Mi visión regresa, puedo ver mis manos. ¿Qué es esto? ¡Sangre! ¿Fui herido? No, esta no es mi sangre. Me levanto, reconozco este lugar, ¡Es mi casa! Corro a mi habitación y encuentro el cadáver destrozado de mi esposa tendido sobre la cama… No… ¿Dónde está la bebe? Giró mi cabeza, el viento mece una cuna vacía… ¡NOOOOO!

 

7-Los zoológicos

 

Las películas y novelas de terror te han mentido sobre los cementerios, definitivamente no son un mal lugar para ir de noche, todo lo contrario, son muy pacíficos. Si un espíritu tiene un asunto pendiente en el mundo terrenal, es muy extraño que decida quedarse en el cementerio. Pero hay un lugar que debes evitar a toda costa de noche, sobre todo si no hay luz: Los zoológicos.

 

Muchos animales encerrados por los humanos guardan rencor hacia sus captores, y en ocasiones, durante la noche, influenciados por los sentimientos de miedo, odio y soledad, los animales pueden tomar formas monstruosas…

 

8-Callejón oscuro

 

Ningún santiaguino supo si la joven pareja de viajeros era norteña o sureña, pero definitivamente santiaguina no era. Ningún alma oriunda de Santiago se pasearía tranquilamente a altas horas de la madrugada por las calles de Puente Alto. Y no es por temor a los criminales, estos abundan en todo Chile, si no por las abundantes bestias de leyendas que acechan en las sombras de cada rincón. La cosa es que tras doblar en una oscura esquina, nadie volvió a saber de la joven pareja.

 

Un ebrio que dormía en un basurero cercano asegura haber escuchado huesos crujir aquella noche.

 

9-Lo que trajo el rayo

 

El que un suceso de la naturaleza pueda ser explicado por la ciencia, no significa que este no pueda estar ligado a algo paranormal o inexplicable.

 

El once de noviembre de 1987, una tormenta eléctrica azotó la ciudad de Antofagasta, Chile, el cielo rugió con ferocidad aquella noche; hubo un momento en que un duradero rayo cayó sobre el pararrayos de un edificio. Al amanecer, un empleado del edificio subió a comprobar si había algún daño, la sangre del empleado se heló al ver el cuerpo empalado de una mujer desnuda. De la boca del cadáver aún emanaba abundante humo.

 

10-Leyenda

 

Existe una antigua leyenda entre la gente que se gana la vida en la carretera, y aunque pocos la toman en serio, hay quienes aseguran que es verdad. La leyenda cuenta que si mueres al volante durante un accidente, se te permitirá la entrada al paraíso. Pero sí en el accidente causas la muerte de un niño o una mujer embarazada, un espíritu encadenado se aparecerá frente ante tu alma, romperá tus piernas y brazos, y le dará a lo que quede de ti forma de rueda, condenandote a vagar dolorosamente por las carreteras hasta el fin de los tiempos.

  

No viajes por el metro de noche 


Hay cosas en la vida, y eso incluye a esta Cd de México, que más vale que nunca averigüemos. La ignorancia nos permite dormir con placidez en la noche, y concentrarnos en nuestros respectivos trabajos. Por ejemplo: ¿Se ha preguntado usted qué les sucede a las personas que se quedan dormidas en el Metro, cuando éste llega a la Terminal de una línea, lo que causa que no escuchen la advertencia que les pide abandonar el vagón y sigan adelante en el mismo, adentrándose en un profundo túnel oscuro que aparentemente no lleva a ninguna parte? La verdad es que esa es una de esas cosas que en realidad no nos conviene averiguar, si es que queremos mantener la ilusión de que vivimos en un universo racional.

 

Sin embargo, no está de más tomar algunas precauciones sencillas, que bien pueden evitarnos experiencias en verdad lamentables. Una de ellas es la de no dormirnos nunca en el Metro; en especial, después de la puesta del sol. Para Arturo Marquina, periodista ya no tan joven, y autor ocasional de relatos de ficción científica, cuentos de horror y novelitas policiacas, ese descuido le produjo un extraño desarreglo que sus amigos califican casi de locura. Se niega Arturo, quien es una persona sensata, racional y de buen humor, a acercarse siquiera a las entradas al Metro. Se niega también a pasar por encima de las ventilas o registros del sistema de Transporte Colectivo de esta capital. En eso puede ponerse hasta agresivo y desagradable. Marquina se niega a hablar de esa extraña fobia que lo aqueja. Siempre logra desviar la conversación cuando se le interroga al respecto. Sólo una vez, en una cantina de Bucareli, después de varias horas de consumo y animada conversación, llegó un momento en que se puso serio e hizo una advertencia a uno de los amigos, que le dijo que usaba a el Metro cotidianamente y en especial a muy altas horas de la noche. “¿Llegas a alguna terminal a esas horas?, preguntó Arturo. Ante la respuesta afirmativa, nuestro amigo abandonó su discreción. “¿Tú has sabido qué les ocurre a las personas que se quedan dormidas en los vagones que siguen avanzando después de la última estación?-“La verdad, no”-repuso su compañero. “Yo sí lo sé”, continuó Arturo: ”Esto que te voy a contar no es un cuento, te pido que me lo creas, por tu bien. Nunca lo repetiré ante ustedes”.

 

Fue hace justo un año. Serían cerca de las once de la noche y salía yo del trabajo después de un día durísimo. Tomé el Metro en la estación Hidalgo, y me dirigí hacia Tacaba. Ahí transbordé hacia Barranca del Muerto. Ya a esa hora, el Metro va casi vacío. Cerca de Tacubaya me quedé dormido. El tren llegó sin duda a la Terminal, sin que yo despertara. No oí la distorsionada voz de advertencia que sale del sistema del sonido, ni el insistente pitido del silbato electrónico que anuncia las paradas. Después, unos segundos después, cuando ya el vagón se dirigía hacia el inquietante túnel que continúa el trayecto, alcancé a ver el letrero y la insignia de mi estación de destino la cual quedaba atrás. Con preocupación y fastidio, pude ver que no iba solo. Unos asientos más adelante iba un tipo viejo y desastrado, en evidente estado de ebriedad que seguía dormido y cabeceaba con cierto ritmo. Pensé que quizá este tren cambiaría de vía y regresaría por el mismo trayecto en unos momentos más. Pero no fue así.

 

“El vagón siguió adelante, se desvió hacia la derecha y después de avanzar varias decenas de metros, hizo alto en un lugar totalmente oscuro. El motor se detuvo y lo mismo la ventilación. El silencio más absoluto cayó sobre nosotros. Fue entonces cuando las luces se apagaron. Ahí, empecé a sentir algo de miedo. Había un poco de claridad, proveniente de la parte posterior del túnel. Por fortuna, traía mi linterna de bolsillo y además ésta tenía pilas. Me paré y me dirigí a mi aún dormido compañero de tribulación. Me acerqué a él y lo sacudí por el hombro. Me preguntó qué pasaba y rápidamente le expliqué nuestra situación. Respondió con una imprecación y puso su rostro contra la ventana para tratar de ver dónde nos hallábamos. Me di cuenta de que este vagón se quedaría ahí toda la noche, por lo que me dispuse a tratar de forzar una de las puertas. Era inútil, me convencí de que sólo saltando a través de una de las ventanas podríamos salir del carro. Fue entonces cuando oí un ruido en el techo. Algo cayó encima del vagón y recorría el techo. De pronto, se escuchó otro ruido en el extremo opuesto del carro. Dirigí el haz de mi linterna y pude ver una sombra que caía al suelo después de haber entrado por la ventana. “¡Vaya, al fin!… ¡Oiga, necesitamos que nos ayude a salir!” No hubo respuesta. El borracho fue más directo. Avanzó hacia el intruso y lo tomó por las ropas. “¡Sáquenos de aquí! ¡Esto es un atropello, malditos burócratas!”. El extraño no respondió, sólo levantó una mano.

 

“A la luz de mi linterna pude ver que era blanca como la harina, delgada y fibrosa, y con unas larguísimas uñas que semejaban garras. Como un rayo, esa mano rasgó la garganta del pobre vagabundo. Fue entonces cuando vi el rostro del ser que tenía enfrente. Pálido, calvo, con enormes ojos amarillos, orejas largas, una nariz grotescamente respingada con dos protuberancias carnosas en la punta. Vi como abrió la boca llena de dispares y puntiagudos dientes, que pronto recibió el borbotón de sangre que salía del desafortunado pasajero. Fue en esos momentos cuando recibieron mis narices la patada del nauseabundo olor que despedía esa criatura. El espectáculo y el olor me hicieron de inmediato vomitar. En medio de las arcadas, escuché otro ruido metálico detrás de mí. ¡Alguien más entraba al vagón por otra ventana! No esperé un segundo más. Me lancé hacia el primer intruso, que aún se cebaba en su víctima, y derribándolos a ambos llegué a la ventana por donde había penetrado el primer monstruo. Escuché un forcejeo detrás de mí, con el que sin duda el invisible perseguidor se abría paso también entre la pareja víctima-victimario que se interponía entre nosotros. Salté fuera del vagón y logré caer en el suelo sin dislocarme siquiera un tobillo. Emprendí la huida, como un poseso, hacia el extremo iluminado del túnel. Detrás de mí se dejaba oír un jadeo que acompañaba rítmicamente a un penetrante chillido.

 

“La luz aumentaba poco a poco. Sentía que mi perseguidor rápidamente iba descontando ventaja. Decidí voltear la cabeza… y quizá eso sea lo que más me ha desgraciado la vida de toda esa experiencia. Vi a un ser similar al que había despedazado al pobre ebrio en el vagón, nada más que éste mostraba una regocijada sonrisa idiota. En la penumbra del túnel veía su tez, amarillo limón, y su larga frente con que se relamía con anticipación. Por fortuna, de frente llegaba otro tren de vagones del Metro. Salté a su paso y alcancé la parte central del túnel. Mi perseguidor no quiso hacer lo propio. Recorrí los últimos metros que me separaban ya de la iluminada estación. Al llegar a ella, subí al andén. Justo a tiempo. Unos metros atrás la criatura, que se había desplazado por el techo del túnel, asida de sus largas garras, tanto de manos como de pies, cayó detrás de mí y alcanzó a lanzarme un zarpazo a la pantorrilla”.

 

Arturo nos mostró una cicatriz, que aún dejaba ver las huellas de una prolongada infección que apenas había sido dominada.

 

“Ya en el andén, emprendí la carrera hacia la calle. No me detuve hasta llegar a mi departamento, donde atranqué la puerta y me refugié en un garrafón de mezcal.

 

“Me expliqué por qué en los talleres del Metro se trapea y se friega con tanto esmero el piso de los vagones todas las mañanas. ¡No se duerman en el Metro! Si lo hacen, corren el peligro de, por lo menos, no volver a dormir nunca más con tranquilidad”…

 

Cuento de Mario Méndez Acosta

 

Las escaleras


Fin de semana, un día en el cual alguien como yo, un niño de 13 años, no tenía mucho que hacer más que jugar en casa solo.

 

Mi mama siempre me echaba un ojo cada cierto tiempo, ya que el tiempo no me había apoyado mucho, después de todo, creo que llegué a romper todas las ventanas de mi casa, por eso me prohibieron terminantemente jugar futbol dentro.

 

Llegué a estar tan aburrido que empecé a bajar y a subir las escaleras de mi casa.

 

Subir, bajar, subir, bajar, eso era todo lo que estuve haciendo. Mi madre pasaba por ahí y me gritaba ”¡Jorge deja de hacer laberinto!” mientras que mi hermano pasaba por ahí y lo que yo hiciera le daba igual.

 

Empecé a contar escalón por escalón para matar el aburrimiento.

 

Conte 14 escalones, una y otra vez. Mi hermano paso una vez más por el pasillo y murmuro algo que traduje como ”retrasado”, le devolví el cumplido, aunque claro creo que no fue lo suficientemente fuerte como para que le prestara atención.

 

Conte 16 escalones.

 

Creí que me había equivocado, había contado alrededor de 8 veces 14 escalones, decidí volver a contar.

 

Eran 14 escalones, si, definitivamente me había equivocado.

 

Llegué a aburrirme de las escaleras y me puse a ver TV. Al día siguiente, empecé una vez más a hacer mis travesuras y a correr por toda la casa. Me metí debajo de las mesas, en el cuarto de mi hermano y empecé a saltar en la cama de mis padres. Como que ya estaba demasiado grandecito para eso, pero era muy hiperactivo. Baje rápidamente las escaleras contando los escalones una vez mas.

 

18 escalones. Definitivamente algo iba mal.

 

Volví a contar los escalones y esta vez eran 15. Le conté rápidamente a mi hermano lo que estaba pasando. Mi hermano para variar no me presto atención a la primera vez que le dije, pero fue tanta mi insistencia que tuvo que acompañarme y contar por si mismo los escalones.

 

18 escalones. Mi hermano conto 18 escalones en mi cara.

 

Llegué a frustrarme tanto… y decidí probar algo nuevo. Me tapé los ojos y empecé a bajar las escaleras contándolas. 1,2,3,4, y así seguía. Llegué a contar 18 escalones, pero aún no llegaba al final de las escaleras, 20,21,22,23, la cuenta seguía, y no parecía haber final, era extraño, las escaleras no eran tan largas.

 

40,41,42, ¿a donde iban estas escaleras?

 

Llegué a estar más de una hora bajando las dichosas escaleras, los escalones ya iban en la cuenta de 120 y aún no había fin, quería abrir los ojos, la curiosidad me mataba, pero quería ver hasta donde llegaba.

 

Fue que poco a poco el silencio se fue extinguiendo y reemplazando por unos extraños silbidos. Poco a poco se empezaron a escuchar extraños ruidos, como si se estuviera arrastrando algo. Los ruidos empezaron a hacerse más claros, hasta que llegue al último escalón. El escalón número 305 era el último.

 

Me quedé parado al fin de la escalera, sintiendo ese estremecimiento en mi cuello, esos extraños ruidos se detuvieron apenas yo toqué el final de la escalera. Quería abrir los ojos, pero tal vez lo que vería no me gustaría para nada. El calor era de lo más parecido a una fábrica, o a una noche de verano, me sofocaba terriblemente. Comencé a tantear con mi pie para seguir caminando, sin abrir los ojos, hasta que me topé con algo.

 

Eran otras escaleras al frente mío, solo que estas iban para arriba. El calor y los extraños ruidos me ponían en tensión, así que decidí subir para alejarme de ese lugar.

 

Empecé a subir las escaleras y pude escuchar como los extraños sonidos retomaron su normal secuencia. Subí y subí, contando los escalones, pero al llegar al escalón 80 no me pude contener. ¿Que era ese lugar? ¿A dónde me dirigían estas escaleras? en un momento de miedo y desesperación no me aguante más y abrí los ojos.

 

Me encontraba en las mismas escaleras de mi casa, aproximadamente a la mitad de ellas, subiéndolas.

 

Corrí a la cocina rápidamente para abrazar a mi mama y decirle lo mucho que la amaba.

 

Mi madre me miro extrañada, y después me devolvió el abrazo con un beso en la mejilla.

 

Le conté lo que me había pasado, todo lo que había recorrido por esas escaleras, pero ella solo rio, y dijo mientras seguía limpiando ”estos niños, tiene una gran imaginación”.

 

Tal vez, tal vez solo fue mi mente jugándome trucos, pero cuando fui a mi habitación para descansar y me saque mis zapatillas, note que las suelas de estas estaban totalmente quemadas.


jueves, 2 de julio de 2026

Las cosas mas espeluznantes dichas por niños pequeños

 



Sacado de un hilo de Reddit:

Se les hizo a los padres de Reddit la siguiente pregunta: “¿Que ha sido lo más escalofriante que te ha dicho tu hijo pequeño? Estas respuestas fueron descabelladas:


1.

Pregunté bromeando: "¿Cuál es la mejor forma de conseguir una novia?" Respuesta de un niño de 7 años: "Decirle que sea mi novia o no volverá a ver a sus padres."

2.

Estaba arropando a mi hijo de dos años. Me dijo "Adiós papá." Le dije "No, nosotros decimos buenas noches" Me dijo "Lo sé. Pero esta vez es adiós." Tuve que supervisarlo varias veces para estar seguro que estuviera ahí.

3.

Mi hija de 3 años se paró al lado de su hermano recién nacido y lo vio por un rato, me vio y me dijo, "Papi es un monstruo… deberíamos enterrarlo."

4.

Estaba dormida, y como a las 6am me desperté con la cara de mi hija de 4 años a pulgadas de la mía. Me vio a los ojos y murmuró "Quiero pelarte toda la piel".

5.

Mi sobrina estaba sentada en el sofá haciendo una cara rara. Su mamá le preguntó en qué estaba pensando, y ella le dijo, "Estoy imaginando olas de sangre cayendo sobre mi".

6.

Niño de 5 años: "Mamá, cuando mueras quiero meterte en un frasco de vidrio para poder guardarte y verte para siempre". Un niño de 6 años responde: "Eso es tonto ¿donde encontraríamos un frasco así de grande?"

7.

Antes de nacer aquí, tuve una hermana, ¿verdad? Ella y mi mamá están viejas ahora. Estaban bien cuando el carro estaba prendido en fuego, ¡Pero yo no!

8.

Mi hija tiene cuatro y últimamente le gustan los chistes toc-toc sin sentido. (Por ejemplo: ¿porqué la mamá cruzó la calle? ¡Porque sus brazos son fideos!) Un día dijo este: ¿Porqué el trasero cruzó la calle? ¡Porque tiene un enchufe en él!

9.

Mi pequeña pasó por una etapa en la que solo le decía "hola" a las cosas. "hola, hola, hola, hola, hola, hola". Un día, parecía que estuviera diciendo "Muere, muere, muere, muere, muere, muere" Así que le pregunté ¿qué estas diciendo? Se volteó y me dijo "muereeee"

10.

Sacando a mi hija de dos años y medio del baño una noche, mi esposa y yo estábamos diciéndole lo importante que era mantener sus partes privadas limpias. Ella respondió "Oh, nadie me hace nada ahí abajo. Ellos trataron una noche. Patearon la puerta y yo me resistí. Morí y ahora estoy aquí." Dijo como si no fuera nada.

11.

Mi hijo de 3 años tiene una actitud feliz, así que esto es algo raro. A veces cuando está acurrucado con su mami, dice, muy seriamente "Mamá, te prometo que jamás masticaré tus huesos. Lo prometo."

12.

El hijo de un amigo mío le dijo "Papi, te amo tanto que te quiero cortar la cabeza y llevarla conmigo así puedo ver tu cara cuando quiera."

13.

"¿Así que no lo debería tirar al fuego?" Niña de 3 años cargando a su hermano recién nacido por primera vez.


De otro hilo de Reditt:


Los niños a veces pueden ser muy curiosos e inocentes y preguntar cosas que nos pueden parecer muy extrañas pero graciosas. Sin embargo, también nos pueden decir perturbadoras frases que ponen los pelos de punta a cualquiera. No sabemos si es fruto de su imaginación o de algo que han presenciado con sus propios ojos, pero seguro que te helarán la sangre.

A continuación dejamos una lista de varios testimonios de personas con 19 aterradoras y extrañas frases dichas por niños. ¿Te atreves a descubrirlas? ¡No te lo pierdas!


1.Trabajo en un campamento de verano y un día estaba jugando con un chico que se tiraba encima de mí desde varios sitios. Le dije: “Ten cuidado. Si me matas no podré jugar más contigo.” Me miró directamente a los ojos y dijo: “No, pero yo sí podré jugar contigo”.

2. Me desperté y encontré a mi hijo de 3 años a mi lado. Le pregunté por qué estaba en mi cama, y dijo que había venido para protegerme de “los ojos de luz” que estaban encima de mí mientras dormía.

3.Estaba haciendo de canguro de una hija de un amigo de la familia y solo estábamos nosotras dos en casa. Miró alrededor y me susurró: “No estamos solas en esta casa”.

4. Mi madre estaba cuidando de mi hija mientras estaba de visita en el médico y le dijo:“Oh, no, abuela. Mamá no va a volver hoy. Ha tenido un accidente muy grave.No puede venir a buscarnos”. Realmente había tenido un accidente y todavía no lo sabía nadie de mi familia…

5. Estaba haciendo de canguro y no sabía cómo apagar la televisión, por lo que solo se veía la estática. Mi prima de 4 años se quedó mirando y dijo: “Veo un monstruo”.

6. Mi hija, Hailey, nació exactamente dos meses después de que muriera su bisabuela. Un día, Hailey se despertó y nos informó de que era su 95 cumpleaños. Cuando intenté razonar con ella empezó a llorar, diciendo que su nombre real era Irene (el nombre de mi abuela), no Hailey. Esto duró todo el día, y al día siguiente no recordaba nada.

7. De camino al parque temático, mi primo pequeño me dijo una vez: “Hoy vas a morir”.

8. Mi prima pequeña dijo que su amigo imaginario “Chucky” le dijo que matara a su padre. Resulta que tenían una piscina en el patio trasero que estaba cubierta después de que el último propietario se suicidara. Su nombre era Chuy, pero mi prima pequeña no podía pronunciarlo, así que lo llamaba Chucky.

9. Estábamos en un barco de vacaciones y mi primo de cuatro años se acercó a mí y me susurró al oído: “Quiero ser médico para poder ver a niños morir”.

10. En mitad de la noche, mi hermana pequeña se giró hacia mí y me dijo: “¿No oyes cómo hablan?”. Pero había un silencio absoluto…

11. Mi hijo me habló acerca de una “mujer muerta de piel azul, sin pelo y con ojos negros” que supuestamente vivía en nuestro viejo apartamento. Dijo que veía cómo nos seguía al salir e intentaba meterse en nuestro coche, pero no había sitio para ella por lo que se quedaba fuera y miraba cómo nos íbamos mientras nos decía adiós con la mano.

12. Estaba haciendo de canguro de un niño de 2 años. Estábamos jugando con bloques y se reía cuando de repente se giró hacia mí y me dijo: “Voy a dispararte en la cabeza”. Esa noche jugamos al escondite y estaba aterrorizada de que me encontrara.

13. Mi hijo de 3 años y yo estábamos paseando en un centro comercial lleno de gente. A él le gusta decir “hola” a todo el mundo y empezó a decir “hola”, “hola”, “hola” a la gente que pasaba por su lado. De repente, apuntó inesperadamente a un hombre y le dijo: “Vas a morir” y luego continuó saludando…

14. Hago de niñera de un niño que todavía no sabe hablar. Mientras caminábamos hacia el cementerio local, ago normal en nuestro vecindario, apuntó a la zona que estaba sobre las tumbas y dijo: “¡Hay gente! ¡Mira, hay gente!” una y otra vez…

15. Cuando era muy pequeña señalé a un árbol fuera de casa y le dije a mi familia: “Ese árbol va a morir”. Nadie le dio importancia, pero a la mañana siguiente el árbol cayó de forma inesperada y aplastó el coche de mi abuelo.

16. Mi hijo de 3 años estaba cantando dulcemente una canción mientras coloreaba pero yo no la había escuchado nunca. Le pregunté dónde la había aprendido, y me dijo: “La mujer que hay en mi habitación me la cantó”

17. Mi hermana me describió a su amigo imaginario: “Se sienta en mi cama y espera a su madre. No puede ir solo a casa por culpa de su brazo”. Le pregunté qué le pasaba en el brazo y me dijo: “Su madre le pasó por encima cuando estaba dibujando con tiza. Por eso siempre está llorando, porque no le gusta estar muerto”.

18. Cuando tenía unos 4 años, mi madre me encontró en el lavabo con todas mis Barbies haciendo que flotaran boca abajo en la bañera. Cuando me preguntó qué hacía, le contesté: “El hombre del amario me dijo que si no lo hacía, sería yo la que tendría que nadar boca abajo”.

19. Trabajo con niños en el espectro del autismo. Uno de ellos dijo: “Ellos pueden vernos, pero nosotros no podemos verlos a ellos”.




jueves, 18 de junio de 2026

sábado, 30 de mayo de 2026

Arte Oscuro: Los Infernales Dioramas de Mark Powell

 Los Infernales Dioramas de Mark Powell.



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Los pequeños habitáculos del infierno.

¿A quien no le gustan las miniaturas? No sé porque motivo, la mayoría de nosotros nos quedamos embobados cuando vemos representaciones detalladas y miniaturizadas del mundo real. Casas de muñecas, escenas bélicas con soldaditos de plomo… todo eso está muy bien y es muy bonito, pero vaya, si hay un poco de sangre y vísceras la cosa mejora considerablemente.

Y aquí están los dioramas creados por el artista plástico Mark Powell.

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Como ves, no son aptos para decorar habitaciones de niñas pqueñas, pese a que predominen los tonos rosas…

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El trabajo de Powell parece extraído de los sueños más placenteros del señor Hellraiser. Bizarra, siniestra o decadente son solo algunos de los adjetivos con los que se podría calificar a esta obra que representa escenas dantescas de lo que podrían ser las habitaciones del infierno. Modelados con silicona, y con un nivel de detalle realmente increíble, un sin fin de ensangrentados y monstruosos personajes habitan estos sótanos oscuros e inquietantes.

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Este tipo de arte macabro puede gustar o no, pero hay que reconocer el gran trabajo que hay detrás de cada uno de estos dioramas de pesadilla, donde le temblarían las piernas hasta al mismísimo Freddy Krueger.

Ojo: No confundir con este Mark Powell: Mark Powell – Mark Powell Art

Que tambien es un artista muy bueno, pero no es el mismo, el de las esculturas nacio en Australia, el dibujante en Inglaterra.

 





viernes, 22 de mayo de 2026

"Soy peor que el SIDA, el Cancer y la diabetes, y hare que tu matrimonio fracase, soy... El Autismo"

 





autism speaks es quizás la organización mas conocida sobre la concientización del autismo y dedicada a investigar sobre esa enfermedad, y también la mas controversial, ya sea por dedicar mas tiempo, esfuerzo y dinero a “curar” el autismo que a ayudar a las personas autistas, volverse durante algún tiempo antivacunas y no tener a personas autistas entre los lideres de la organización, entre otras cosas. Y una de esas cosas es el cortometraje I Am Autism, curiosamente realizado por el director Alfonso Cuaron (el de la Princesita, Harry Potter 3, y tu Mama también, etc.), en IMDB la describen como "Una película de terror hecha por un grupo de odio que describe el trastorno del espectro autista como una enfermedad que arruinará los matrimonios de las personas y será una carga para las familias en todo momento."

Aquí lo tienen subtitulada, pero si quieren, el discurso del corto está aquí abajo:



Soy autismo. Soy visible en tus hijos, pero si puedo evitarlo, seré invisible para ti hasta que sea demasiado tarde. Sé dónde vives. ¿Y adivina qué? Yo también vivo allí. Yo rondo alrededor de todos vosotros. No conozco ninguna barrera de color, religión, moralidad o moneda. Hablo su idioma con fluidez. Y con cada voz que elimino, adquiero otro idioma. Trabajo muy rápido. Trabajo más rápido que el SIDA pediátrico, el cáncer y la diabetes juntos y si están felizmente casados, me aseguraré de que su matrimonio fracase. Tu dinero caerá en mis manos y te llevaré a la bancarrota para mi propio beneficio. Yo no duermo, así que me aseguro de que tú tampoco. Haré que sea prácticamente imposible para su familia asistir fácilmente a un templo, una fiesta de cumpleaños o un parque público sin esforzarse, sin sentir vergüenza, sin dolor. No tienes cura para mí. Sus científicos no tienen los recursos, y disfruto de su desesperación. A tus vecinos les gusta fingir que no existo, por supuesto, hasta que sea su hijo. Soy autismo. No me interesa el bien o el mal. Me da un gran placer tu soledad. Lucharé para quitarte la esperanza. Conspiraré para robarte tus hijos y tus sueños. Me aseguraré de que cada día que te despiertes llores, preguntándote quién cuidará de mi hijo cuando yo muera. Y la verdad es que sigo ganando y tú tienes miedo. Y deberías estarlo. Soy autismo. Me ignoraste. Fue un error.

jueves, 16 de abril de 2026

Una con treinta y seis minutos (minicuento)



 Un minicuento de mi autoria, en el universo de la AGIAT:



No sé cuánto tiempo llevaba allí, parado en la estación de trenes, esperando la llegada de mi esposa. Cada nuevo tren que llegaba despertaba mi esperanza y aceleraba mi corazón, solo para decepcionarme al ver que la dueña de mi corazón no aparecía, bajaban todos los que necesitaban bajar, menos ella.

Eché una mirada a mi reloj, olvidando que ya era inútil. Se había estropeado hace algún tiempo atrás, no recordaba con exactitud cuanto, las manecillas indicaban siempre la misma hora: la una con treinta y seis minutos, y mi esposa seguía sin llegar.

Miré nuevamente a las vías del tren, que en aquel momento estaban vacías, y no había ningún tren anunciado por los próximos 10 minutos, reprimí el impulso de mirar ―inútilmente― mi reloj, sabiendo que marcaría la misma hora de antes. Y a través de las vías vi avanzar a una mujer, joven, con un vestido azul y aspecto confundido, la vi tropezar y caer, y yo corrí para ayudarla, y para apartarla de las vías férreas por el peligro, aunque no había ningún tren a la vista.

―¿Está bien? ―La ayudé a incorporarse, y vi que su rostro mostraba una mezcla de emociones, miedo, quizás pánico, también confusión.

―¡Oh! ¿Puede verme? ¿En realidad puede verme?

―Por supuesto ¿Se siente bien? ¿Necesita ayuda?

―Si… no, ¿no se da cuenta? Yo estoy muerta ―Al ver mi expresión repitió― Estoy muerta, morí hace… no sé cuánto tiempo.

―¡Pero si usted no está muerta! ¡No sé de dónde saco eso! Mire, puedo tocarla sin problemas.

Toque su brazo, se sentía normal, la tela de su vestido, su piel, nada había de anormal en ella, y a pesar de eso insistía en que estaba muerta.

―Fui atropellada por un tren, fue un accidente, fui descuidada ―sollozó― Nunca pensé que… nunca pensé.

Y ocultó el rostro entre sus manos, no sabía que decirle así que en un impulso la abrace. Mientras pensaba en cómo sacarla de su error, un hombre caminaba hacia nosotros, distraído mirando su reloj.

El hombre nos atravesó a ambos, sin detenerse, como si fuéramos de aire.

Como si no estuviéramos ahí.