Fantasía lésbica según un activista woke:
Fantasía lésbica según un fan:
Fantasía lésbica según un activista woke:
Fantasía lésbica según un fan:
Los spots publicitarios, anuncios o
simplemente comerciales pueden ser o no ser arte, no voy a discutir eso aquí,
solo señalar que, además de impulsar el deseo de comprar tal o cual producto,
los comerciales pueden provocar sensaciones, y entre esas sensaciones esta el
terror, miedo, inquietud o simple rechazo, como podemos ver a continuación.
Publicidad terrorífica chilena
Publicidad terrorífica chilena parte II
Publicidad terrorífica colombiana por Cuki
Kuin
Mas comerciales perturbadores, esta vez
internacionales
Un cuento de mi autoria perteneciente al Universo de la AGIAT.
Iquique, Chile, otoño
Natalia se encontraba en su habitación, mirando a través de la ventana, fumando, observando el urbanizado horizonte. El cielo estaba nublado y gris, tan gris como los edificios de departamentos y oficinas que podía ver. De vez en cuando miraba hacia la calle, varios pisos más abajo, buscando a alguien entre la multitud, y luego echaba una mirada a su celular, esperando algo.
Volvió a mirar abajo, distraídamente, sin fijarse en nada en especial. Ya empezaba el atardecer, pero aun muchas personas caminaban ocupándose en sus propios asuntos, pero ninguno de ellos era Mario, su novio. De vez en cuando pasaba alguien que podría ser el, pero tras observarlo con mayor atención, descartaba esa idea.
De pronto vio algo que le llamo la atención, alguien (¿hombre, mujer?) cuya cabellera negra brillo por un momento en azul al reflejarse en su cabeza un rayo de sol. Fueron unos pocos segundos, y luego ese brillo desapareció al subirse el dueño de esa cabellera a un autobús del transporte público. El aura luminosa que rodeo su cabeza fue notoria incluso a la distancia en la que estaba Natalia, lo cual la dejo intrigada… ¿Qué seria eso? No estaba seguro si era un hombre o una mujer, en todo caso parecía ser alguien muy bajito, comparándolo con las demás personas en la calle ¿Tal vez un hada? Las hadas solían tener un brillo especial en el cabello (¿Cómo era esa palabra, cuando una cosa brillaba y reflejaba la luz de un modo especial?) al menos algunas, y en Iquique, y prácticamente todo Chile, las criaturas no-humanas más comunes, y generalmente las únicas, eran las hadas, aunque la mayoría no eran hadas “puras” sino semihadas, mestizas mitad humanas, o mayormente humanas, bajitas de estatura y de orejas puntiagudas, y con suerte con bonito cabello brillante (iridiscente, esa era la palabra) y ojos extrañamente grandes, pero mediocres en la magia e incluso incapaces de volar.
Su mente empezó a divagar, recordando como a las semihadas -especialmente a las femeninas- se las consideraba atractivas por sus ojos claros, piel suave y cabello brillante, y muchas tenían facilidad para seguir carreras en el modelaje y la televisión, sin importar si realmente tenían talento para la actuación… Había un poco de fetichismo en eso, y recordaba también carteles pegados en la calle donde solicitaban a “señoritas de entre 18 a 35 años” para trabajar “en un privado” como “damas de compañía” (es decir prostitución legalizada) y muchos de esos carteles recalcaban la frase “de preferencia señoritas con ascendencia faérica notoria”
(Su mente siguió divagando, y empezó a recordar una época en su vida, apenas tres años atrás, cuando era una estudiante sin recursos y con muchos aprietos económicos, una época donde ella empezó a mirar con interés, esperanza y ligera repulsión esos mismos carteles de “se buscan señorita”)
Finalmente escucho un pitido en su celular, lo cual interrumpió el curso de sus pensamientos (para su alivio… ) Lo reviso encontrándose con un mensaje de Mario, una frase que solo tendría sentido para ellos dos.
-Ya llego, los sapos están listos (emoji carita sonriente)
Se aparto de la ventana, arrojo la colilla de cigarro al lavaplatos y a continuación saco otro cigarrillo… pero lo pensó mejor y lo guardo.
Un minuto más tarde alguien golpeo a la puerta de su departamento, y ella le abrió.
-Llegué, lo traje todo ¿estas lista? -Mario, gordo, con barba y su infaltable polera con el nombre de una desconocida banda de rock indie, entró como si fuera el dueño del lugar, sin saludar y cargando una caja de zapatos.
-Saluda al menos ¿Qué acaso dormimos juntos? -Dijo Natalia sin disimular su molestia.
-Bah, disculpa -se acercó y le dio un beso en la mejilla- Hola… ¿estas lista?
-Yo sí ¿Hay que preparar algo, colocar o usar algo?
-No, solo cerrar las ventanas… y creo que con una luz tenue bastara.
Unos minutos más tarde, con las cortinas cerradas, una única lampara encendida y habiendo
despejado el centro de la habitación, Mario Y Natalia se sentaron con las piernas cruzadas sobre la alfombra, y en medio de ambos la caja de zapatos. La lampara apenas era suficiente como para crear un circulo de luz que los abarcaba a ambos y a la caja, llenado de sombras alargadas las paredes.
-¿Cómo lo conseguiste?
-Se dice el milagro pero no el santo… Tengo contactos, ya sabes.
Mario levantó la tapa y sacó lo que la caja contenía. A Natalia, al principio, con la leve luz, le pareció completamente negro, pero luego se dio cuenta de que su color era más bien un pardo verdoso en el lomo y toda su parte superior, y más claro en el vientre. Era un sapo, un enorme sapo gordo y de aspecto verrugoso, si Natalia fuera bióloga lo habría identificado como un Incilius alvarius, o sapo del desierto de Sonora, pero también habría notado unas diferencias anatómicas leves pero evidentes y habría llegado a la conclusión de que se trataba de un ejemplar de otra especie, sin duda de la misma familia Incilius, pero no un sapo de Sonora. Pero Natalia no era bióloga, y para ella era solo un sapo de aspecto desagradable e hinchado, pero hasta ella noto que su piel se veía seca y apagada.
-¿Esta… bien?
-Supongo, debe haber estado mucho tiempo dentro de la caja, a mis “contactos” tampoco le fue fácil conseguirlo. -La miró fijamente y repitió- ¿Estas lista?
-Yo… -Natalia suspiró, volvió a cuestionarse como su novio la convencio de participar en este experimento- ok, vamos a hacerlo, pero sería mejor uno primero y después el otro.
-No ¿por qué?
-Sería más seguro.
-Esto es seguro, los Aymaras de Guatemala han estado lamiendo estas cosas por siglos, para sus rituales ayahuasticos.
Natalia no era antropóloga, pero hasta ella sabía que los Aymaras eran un pueblo indígena que vivía principalmente en Perú, Bolivia y Chile, muy lejos de Guatemala, y también sabia que “ayahuastico” no era una palabra real, pero prefirió no decir nada.
-Vamos, esto va a ser genial, no hay ningún peligro si iniciamos el viaje juntos, será mejor así, más místico, mas… eh, místico, más espiritual, solo recuerda la vez que probamos la ayahuasca ¿Lo recuerdas?
Natalia lo recordaba, una de sus experiencias -LA experiencia- más alucinante de su vida, recuerda que llego a ver duendes, si, duendes, y no solo a verlos, llego a tocarlos, tal como ahora sentía la áspera textura de la alfombra bajo sus pies desnudos.
-Así que… ¿Vamos en serio o no?
-Dale, vamos.
Mario apretó al sapo entre sus manos y le hundió las uñas en su piel, el animal, que había permanecido quieto hasta entonces se agito e intento escapar.
-¡Oye, que haces!
-Hay que estresarlo, solo así sueltan los alucinógenos.
Natalia no dijo nada, pero, aunque el animal le resultaba repugnante, no le gustaba que lo maltrataran gratuitamente, tampoco le gustaba la mirada del sapo, a pesar de sus ojos vacuos e inexpresivos, le parecía que su mirada expresaba ira y furia, como si quisiera matar a sus atormentadores.
-Creo que ya está bien, la piel como que se le nota más húmeda… ¿Lista?
No había más remedio, ya habían llegado muy lejos, y mientras ella repasaba mentalmente las precauciones que habían tomado (cuchillos escondidos, ventanas con las cortinas cerradas, puerta cerrada, gas cortado) Mario le dio el primer lengüetazo al sapo.
Y después otro.
-No siento nada todavía -otro lengüetazo- hay que esperar a que haga efecto.
Y se lo entrego a Natalia.
“Dios, como fue que llegue a esto” Y con repugnancia lamio al bicharraco. Sorprendentemente, no tenía mal sabor, o mejor dicho, no tenía sabor a nada, un par de lamidas después se lo devolvió a Mario.
-¿Sientes algo?
-No.
-¿Sientes cómo se expanden tus sentidos, como se abren las puertas de la percepción, como tu mente se ilumina y rompe las barreras de la mediocridad y la monotonía, para entrar en contacto con el Cosmos y sus secretos?
-No.
Varios minutos y un par de lamidas después aun no pasaba nada.
-Esperemos.
Minutos después, aun nada.
-La dosis no es suficiente, hay que volver a lamer.
Nada.
Natalia creyó por un momento escuchar algo, afuera, en el exterior. Pero luego se dio cuenta de que no era así, solo fue su imaginación, ningún sonido extraño venia de afuera.
De hecho, ningún sonido venia de afuera, y no era tan tarde como para que los ruidos del tráfico desaparecieran.
-Creo que me estafaron -dijo Mario minutos después- Ya deberíamos sentir algo… Creo que voy a conversar con alguien, alguien me debe una explicación.
Natalia se levantó, en cierto modo se sentía aliviada, y a la vez algo decepcionada.
Camino hacia la ventana y corrió la cortina.
Al principio solo sintió confusión, eso por unos pocos segundos, luego sorpresa, la cual paso
demasiado rápido, y después pavor, que llego como una ola golpeando y estallando en espuma, y también una idea. Una que alivio el pavor y miedo que la inundaban.
“Estoy alucinando… realmente estoy alucinando, las lamidas finalmente tuvieron efecto”
El cielo estaba rojo, no rojo como al atardecer, sino rojo sangre, y la luz teñía también de rojo a los edificios y a todo lo que podía ver desde la ventana, abajo, en vez de una multitud y autos, corría un rio rojo, espeso y burbujeante.
Y arriba estaba el sol, de un tono de rojo menos intenso, y mirarlo directamente no heria la vista.
No, no era el sol, lo que había en el cielo parpadeo, se movió, y formo un iris carmesí.
Y luego miró directamente a Natalia.
-Mario… ¡Esto es increíble! ¡La mejor alucinación que tenido en mi vida! -Natalia se sentía llena de vértigo, como si caminara por el borde de un precipicio.
Y el ojo la miro y parpadeo, diciendole:
No estas alucinando.
Y Natalia comenzó a gritar.
El caso de Rudolf Fenz es una historia que ha estado circulando hace décadas en diversos medios como revistas y periódicos, y mas recientemente en internet, un caso muy creíble apoyado por datos investigados por la policía de Nueva York. Aunque hubo varias versiones circulando con diferentes detalles, la historia original es la siguiente:

Poco después del trágico suceso, llegó la policía para realizar su ritual de costumbre, inspeccionando el cadáver, abriendo acta del caso, avisando al forense. Nada más contemplar al finado, vieron cosas que no encajaban y que presagiaban algo más que una muerte accidental. El, hasta entonces anónimo personaje, de unos treinta años de edad, yacía en el suelo vistiendo un largo abrigo negro, de tela gruesa poco apropiada para el caluroso verano, un chaleco inmaculadamente limpio y unos extraños zapatos puntiagudos con hebillas de metal. Si no fuera por lo trágico del asunto hubiera sido motivo de risas porque aquel “payaso” parecía salido de una fiesta de disfraces, sus ropas estaban sacadas de las brumas del tiempo pasado. Bueno, un loco excéntrico más que decide suicidarse entre los coches de la Gran Manzana. Todos pensaron eso, hasta que en el depósito de cadáveres se descubrió algo inquietante, el inusual contenido de los bolsillos. Billetes de banco muy antiguos, pero en perfecto estado, tarjetas de visita a nombre de Rudolf Fenz y una carta dirigida al mismo nombre con una dirección de Nueva York, fechada en 1876. Aquello comenzaba a tomar un feo aspecto, ¿Rudolf Fenz era el fallecido? ¿De dónde había salido? ¿Quién era este personaje? La policía intentó localizar a sus familiares buscando en todos los registros de la ciudad el nombre que aparecía en las tarjetas de visita.
Nadie con ese nombre vivía en la ciudad, no apareció ni rastro en la dirección indicada por la carta, ni en las guías telefónicas ni en los registros de los seguros médicos. Literalmente se puede decir que aquel hombre no existía, ningún rastro se encontró para saber algo más de él en Nueva York así que, desesperados, los investigadores recurrieron a inmigración. El nombre sonaba a algo germánico, ¿por qué no probar en Alemania? Tras la Segunda Guerra Mundial muchos alemanes emigraron al Nuevo Mundo, ¿sería Rudolf Fenz uno de aquellos recién llegados? Tras patearse muchos archivos y gastar bastante dinero en llamadas a consulados y funcionarios de Alemania, Suecia y Austria, no se logró absolutamente nada. Milagrosamente, pocas semanas después del accidente, descubrieron el nombre de Rudolf Fenz Jr. en una añeja guía telefónica de 1939. ¿Sería esta una buena pista? Lamentablemente, al acudir a la dirección marcada por la guía de teléfonos, les informaron que había fallecido hacía tiempo con más de setenta años de edad. Posiblemente se tratara del padre o algún familiar del atropellado, pensaron con un destello de esperanza los sabuesos. A pesar de todo, la cuestión no avanzó nada, hasta que el tenaz funcionario Hubert V. Rihn, del Departamento de Personas Desaparecidas, localizó a la viuda de Fenz Jr.

La declaración de ésta terminó por descolocar todo el caso. Según la viuda, el padre de su difunto marido había desaparecido sin dejar rastro allá por 1876, cuando salió a pasear y fumar un cigarrillo al anochecer, como solía hacer habitualmente. Nunca más se supo de él. Rihn revisó los archivos policiales del año 1876 para confirmar esa pista y lo que descubrió le puso muy nervioso. En un viejo informe aparecían los datos de la desaparición, tal y como la mujer la había relatado, pero había más. Una pequeña fotografía mostraba la figura del desaparecido, alguien idéntico al hombre atropellado en Times Square. A partir de aquí, la historia de Rudolf Fenz se convirtió en el caso de crononauta más “documentado”, la increíble odisea de alguien perdido en el tiempo que saltó más de setenta años en el futuro para aparecer en medio de Nueva York y morir atropellado por un automóvil, inaudita máquina para alguien del siglo XIX.[…]
¿Pero qué hay de verdad en esta historia? ¿Es
verídica 100%?
Pues… No. Como lo revela el siguiente
texto:
La historia comenzó a variarse, hubo hasta diez versiones distintas, los traductores se tomaban licencias e incluso añadían nuevos detalles que dotaban a la historia de mayor credibilidad aún. Se había gestado un misterio cada vez más inexplicable a la para que cuestionable. ¿Quién era realmente su protagonista? ¿Dónde empezó todo?
Por suerte, hubo un investigador londinense con residencia en Madrid que no tomó por ciertas las “verídicas” pruebas que envolvían el caso. Su nombre fue Chris Aubeck, y rastreó y recopiló toda la información que había sobre el crononauta. Mirando las fuentes de todos los artículos fue llegando hasta el relato original: un artículo publicado en los Estados Unidos para The Journal of Borderland Research en 1972. Su autor, Vincent H. Gaddis relataba el caso en primera persona anotando que su fuente inicial había sido el difunto Ralph M. Holland, de la revista Collier´s. Aubeck descubrir que ese tal Ralph M. Holland era un norteamericano nacido en 1899 que escribió muchas historias de ciencia ficción que se publicaron en varias revistas.
Cuando parecía haber encontrado el origen contrastó que Holland no fue el creador de la historia, sino que éste se basó en una obra de ficción de un escritor llamado Jack Finney y que había publicado en 1951. Formaba parte de un relato titulado “Estoy asustado”. El escritor falleció en 1995.
La historia que había formado parte de tantas publicaciones de misterio se revelaba como uno de los primero hoax de los nuevos tiempos. ¿Cuántas historias habrá como esta?
Fuente: La historia del viajero del tiempo que tuvo engañados a nuestros padres y abuelos
El cuento original (en ingles): Im-Scared-Jack-Finney_3681.pdf
Y con "del año" quiero decir
"prohibido en Steam, Eneba y todos los demás sitios" por xxx razones
muy menores. Solo se puede comprar en el sitio web oficial del tal andypants...
Si les interesa, o se atreven.
El videojuego, hecho por una sola persona (se nota) llamada andypants y que claramente busca tanto ofender a mucha gente como atraer a cierto tipo de público (aquellos que lloriquean por el “woke” y se sienten ofendidos por la diversidad en videojuegos, películas, comics o la vida real) trata sobre Chad Pierce, el protagonista, un conserje de una escuela que trata de proteger a su hija de los nazis homosexuales. Así que ya se imaginaran que muy tolerante y respetuoso no es, es homofóbico, transfóbico, racista y toda clase de intolerancias múltiples. Aparentemente -no es 100% seguro- al tal andypants le quitaron la custodia de su propia hija, quien aparece como un personaje en el propio juego.
Este video explica la controversia mucho mejor que yo.
Un relato escrito por el usuario Howard, del universo de la AGIAT.