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domingo, 21 de abril de 2024

¡Inverosímil! Fenómenos inexplicables, de Readers Digest (Listo para descargar)

 





Una selección muy interesante sobre toda clase de fenómenos extraños, personajes insólitos, cosas extrañas en el cielo, profecías, coincidencias insólitas, críptidos, etc., etc. Desde uno de los primeros casos de abducción alienígena (que además involucro sexo con una hermosa extraterrestre) a ranas y sapos encontrados encerrados en rocas de millones de años de antigüedad, pasando por vírgenes sangrantes (o sea, estatuas de la Virgen que lloran sangre) o suelos premonitorios a pleno día.



Aquí lo pueden descargar.





domingo, 6 de agosto de 2023

El cuaderno de notas de H. P. Lovecraft, por Óscar Mariscal.

 


H. P. Lovecraft ha resultado ser de aquellos escritores que fueron más prolíficos después de muertos que cuando estaban vivos, hay varios cuentos que se le atribuyen a el cuando en realidad la mayor parte de su contenido fue escrito por otros autores, esto se debe a que Lovecraft realizo muchas correcciones a los textos de colegas suyos de Weird Tales, convirtiéndose en un “escritor de escritores” como lo dijo alguna vez Robert Bloch, en ningún caso de forma despectiva. Y luego esta el hecho de que ideas suyas que eran un simple boceto fueron desarrolladas mas tarde por otros autores, convirtiéndose en “colaboraciones” póstumas.

Aquí hay un buen articulo sobre esto en La Liga Lovecraftiana:


I. INTRODUCCIÓN

Se ha especulado mucho sobre las controvertidas "colaboraciones" entre H. P. Lovecraft y August DerlethAntonio Prometeo Moya, en la introducción a una colección de "revisiones" y escritos en colaboración (Horror en el Museo, ed. Caralt 1978), en la que califica a Derleth de "poetastro y ladrón de manuscritos"( bien es cierto que "hurga - carpetas" como Lin Carter han "limpiado" a fondo los panteones de R.E. Howard y C.A. Smith y nadie ha dicho nada), propone que todas las presuntas colaboraciones son falsas excepto El que Acecha en el Umbral (1945). No iba descaminado, pero en realidad, este último relato es también una falsa colaboración, basada en apenas página y media manuscrita por Lovecraft.

El origen de estas falsas colaboraciones es puramente comercial. A nadie se le escapa que el nombre de uno brilla más si aparece "orlado" por el de algún artista consagrado (L. S. de Camp & R. E. HowardLin Carter & C. A. SmithA. de Castro & A. Bierce, etc.), y en el subgénero de los Mitos de Cthulhu reconocemos al menos tres estilos para medrar a la sombra del maestro. A saber: El "estilo Colin Wilson ", que consiste en desentrañar las supuestas claves ocultistas de la obra de Lovecraft, abundar en el "corpus lovecraftiano", y, posteriormente, relegar la obra del maestro al mundo del quiosco y la "Ciencia - Ficción de consumo". El "estilo Brian Lumley ", por el contrario, oscila indeciso entre la exégesis y el revisionismo más absurdo, empeñado como está en aparecer en homenajes y antologías, siempre honrando la memoria del "Genio de Providence". Pese a sus diferencias sustanciales, el propósito común de ambos "estilos" es el de figurar en cubiertas de libros y prólogos de antologías, como: "El discípulo de…" ó "El alumno aventajado de…" (alumno copión, diría yo). Finalmente, el "estilo Derleth " consiste en la especulación con manuscritos, fragmentos, y demás "legajos sagrados" pergeñados por el "Solitario de Providence"; calificando incluso de "colaboraciones póstumas", la explotación de tales escritos.

Este mercadeo de papeles inéditos, alcanza también a algunas publicaciones. La revista Weird Tales se quedó sin material de Lovecraft hacia 1939, por esta razón Dorothy McIlwraith, a la sazón nueva editora de W.T., empezó a echar mano de pequeños extractos sin corregir, tal es el caso (según Christopher Frayling) del pequeño cuento The Wicked Clergiman, sacado al parecer, de una carta de H.P.L. en la que relataba una de sus pesadillas, y que fue presentado en la revista como un "breve relato póstumo". Pero Derleth, que ya por entonces había asumido y metabolizado el estilo y las temáticas de su mentor (ya no era aquel jovenzuelo presuntuoso que se paseaba por las calles de Wisconsin con albornoz y monóculo), fue aún más lejos. Lovecraft, tras su muerte, había dejado una serie de papeles entre los que se encontraban pequeños extractos, resúmenes, y borradores de cuentos - como The Thing in the Moonlight, de 1934 -; algunos de estos fragmentos o falsos comienzos fueron desarrollados por Derleth, quien a partir de meras sugerencias construyó íntegramente una serie de cuentos de diversas temáticas, que abarcan desde el cuento de fantasmas "tradicional" a la mitología de Cthulhu. En los cuales, por cierto, introduce "Don Augusto " elementos "maniqueistas" (tal que Paulicianos y Cátaros en los primeros siglos de la Iglesia) hasta ese momento inéditos en el amoral panteón de "deidades cósmicas" de Lovecraft; convirtiendo en un "problema teológico", lo que empezó como un mero juego de ficción. Estos relatos fueron recogidos en varias colecciones bien conocidas por los aficionados: El Superviviente (1957), La Habitación Cerrada (1959), y Los que Vigilan Desde el Tiempo (1976), todas publicadas por Arkham House; en nuestro país aparecen incluidos en tan sólo dos: La Habitación Cerrada (1976), y Los que Vigilan Desde el Tiempo (1981). Precisamente, el relato que da título a esta última antología, fue escrito por Derleth basándose en un borrador dejado por Lovecraft, que apareció publicado en el "fanzine" The Golden Atom (1943), y que, caprichos del destino, quedó a su vez incompleto al fallecer August W. Derleth en 1971.

Asimismo, Derleth tuvo acceso a una serie de breves argumentos, apuntes "al natural" de sueños e ideas que Lovecraft empezó a coleccionar después de 1919, cuando la publicación de sus cuentos, La Tumba y Dagon en la revista The Vagrant, le inclinaron definitivamente hacia la narración fantástica. En sus Notas Sobre los Escritos de Literatura Fantástica, Lovecraft enumera una serie de reglas personales para la elaboración de historias sobrenaturales, la primera de las cuales consiste en: "preparar una sinopsis o escenario de acontecimientos en orden de su aparición; no el de su narración. Describir con la fuerza suficiente los hechos como para hacer creíbles los incidentes que van a tener lugar. Los detalles, comentarios, y descripciones, son de gran interés en este boceto inicial" (véanse a este respecto los fragmentos: 3, 5, ó 17 ), y añade que: " El primero de estos puntos es generalmente una mera idea mental; una puesta en escena de condiciones y acontecimientos que pululan en mi cabeza". Pues bien, este conjunto de ideas y bocetos (desechadas o, parcial o totalmente desarrolladas) es el llamado The Commonplace Book of H.P.L.

El cuaderno de notas fue publicado originalmente por Futile Press en 1938 con el título de Bocetos y Cuaderno de notas de H. P. Lovecraft, bajo la supervisión de Robert H. Barlow, amigo y colaborador de H.P.L., y posteriormente (una selección distinta), por Arkham House en 1959, en el volumen The Shuttered Room and other Tales of Terror. No existe en España una edición completa del "Cuaderno…", aunque muchos de estos fragmentos han sido publicados por algunas revistas de aficionados ( Dagon 1988, Sueño del Fevre 1991, o HPL Fhtagn 1997 ). Para nuestra edición contamos con una selección y traducción realizada expresamente para el que ésto escribe, por Rafael Llopis, con quien mantuve una interesante correspondencia, y a quien agradezco públicamente su amabilidad.

 Óscar Mariscal.

 

II. LOS FRAGMENTOS

H. P. LOVECRAFT

  1. Hombre sueña que cae. Es encontrado en el suelo, destrozado, como si hubiera caído desde una altura inmensa.
  1. Extraño ritual nocturno. Bestias salvajes danzan y marchan al compás de la música.
  2. Espantoso sonido en la oscuridad, puente y aguas negras, cenagosas. Se encuentra una puerta misteriosamente abierta y cerrada, y produce terror.
  3. Un antiguo coloso en un antiquísimo desierto. Se le ha borrado la cara: nadie se la ha visto.
  4. El último horror. Abuelo regresa de extraño viaje. Misterio en la casa. Viento y tinieblas. Abuelo y abuela tragados por lo desconocido. Preguntas prohibidas. Somnolencia, investigación, cataclismo. Alguien oye gritos.
  5. Terrible viaje a un sepulcro antiguo y olvidado.
  6. Las ratas se multiplican y destruyen una pequeña ciudad, luego a toda la humanidad. Aumenta su tamaño e inteligencia.
  7. Extraño individuo de barrio sombrío de antigua ciudad posee objeto de horror arcaico e inmemorial.
  8. Se descubre horrible libro antiguo con instrucciones para espantosas invocaciones.
  9. Una tumba antiquísima en un profundo bosque de Virginia, cerca de donde existió en el siglo XVII una gran casa señorial. La cosa incorrupta e hinchada que se encontró en su interior.
  10. Castillo junto a laguna o río. Su reflejo queda fijado a través de los siglos. El reflejo vive para vengarse de sus destructores, una vez el castillo es destruido.
  11. Raza de Faraones inmortales que moran bajo pirámides, en inmensas salas subterráneas a las que se baja por negras escalinatas.
  12. Una terrible peregrinación en busca del tenebroso trono del lejano Azathoth, sultán de los demonios.
  13. Antigua catedral. Una gárgola horrible. Alguien trata de robar y es encontrado muerto. La garra de la gárgola está ensangrentada.
  14. Indescriptible danza de gárgolas. A la mañana siguiente, varias gárgolas de la vieja catedral están cambiadas de sitio.
  15. Ocurre cambio en el Sol: los objetos se ven con formas extrañas, quizá recomponiendo paisaje del pasado.
  16. Horrible casa ruinosa en empinada calle de ciudad - Bowen St. -. Lanza llamada sin palabras en la noche. Ventanas negras - horror innominado - tacto y voz fríos. La bienvenida de los muertos.

 

Selección y traducción: Rafael Llopis.

 

III. ALGUNOS COMENTARIOS

2. Sin duda se trata del "esqueleto temático" de El Ceremonial (1923), segundo cuento de Lovecraft dedicado a los Mitos. "En la negrura inconcebible, más allá del resplandor gangrenoso de la fría llama (…), apareció danzando rítmicamente una horda de mansos, híbridos seres alados que ningún ojo, ningún cerebro en su sano juicio, ha podido contemplar jamás."

4. Esta idea fue desarrollada finalmente por Robert Bloch en su relato El Dios sin Cara. Un caso más "sangrante" que el de Derleth, ya que, aunque Bloch reconoce que su técnica narrativa "debe mucho a la influencia y dirección del difunto H. P. Lovecraft ", añade (en la presentación de la antología que incluye el relato en cuestión), que la inspiración proviene de su "mister Hyde ".

"Al cabo de unas cuantas horas de trabajo, toda la estatua quedó al descubierto. (…).Su aspecto general infundía terror, a causa de la sensación de misterio inescrutable que producía su presencia en tan desolada inmensidad, (…). No obstante, lo que más impresionante resultaba era la carencia de rostro de aquella pavorosa imagen.".

6. Como en tantas ocasiones está idea surge de una pesadilla, que el propio Lovecraft narra en una carta de Diciembre de 1919. La idea de la existencia de un "portal dimensional" en el fondo de un sepulcro, adquiere su forma definitiva en el relato La Declaración de Randolph Carter (1919), y en el poema El Habitante, perteneciente a la serie Hongos de Yuggoth.

"La losa levantada dejó al descubierto una negra abertura, (…). Nuestras linternas revelaron el arranque de una escalera de piedra, sobre cuyos peldaños goteaba una especie de líquido inmundo nacido en las entrañas de la tierra."

"Entonces vimos aquellos escalones de piedra que descendían

Por una puerta obstruida de dolomita grabada

Hasta un sombrío refugio de noche eterna."

9. Como sucedía en el fragmento n º 6, la idea se plasmaría finalmente en dos formatos distintos: La poesía, dentro de su colección de poemas fantásticos escritos en 1930, Hongos de Yuggoth - los poemas son: El LibroPersecución, y La Llave -. Y el relato corto, no desarrollado finalmente, como demuestran sus fragmentos: El Descendiente (1926), y El Libro (1934) - publicados ambos en: Leaves II (1938) -; este último sigue la misma temática y secuencia de acontecimientos de los tres sonetos anteriormente citados. Cabe señalar, asimismo, que este último fragmento tiene una discutible continuación en el cuento El Libro Negro de Alsophocus, de Martin S. Barnes.

"Cogí el volumen más a mano y lo hojeé al azar,

Temblando al leer raras palabras que parecían guardar

Algún secreto monstruoso, para quien lo descubriera."

"Nunca supe su título, porque faltaban las primeras páginas; pero quedo abierto hacia el final y me dió un atisbo de algo que hizo vacilar mis sentidos."

10. A pesar de algunos detalles geográficos, estas lineas dibujan el argumento de Lo Innombrable (1923). El bosque de Virginia se convierte en el viejo cementerio de Arkham, aunque la tumba y la casona señorial sí son, efectivamente, del S. XVII; en cuanto a la cosa incorrupta e hinchada, "estaba en todas partes… era una gelatina… un limo… sin embargo, tenía formas, mil formas espantosas imposibles de recordar."

12. El argumento de Encerrado con los Faraones (1924), le fue sugerido a Lovecraft por el famoso "mago - escapista" Harry Houdini (1874 - 1926). En el relato, se hace un fascinante retrato de Egipto que recuerda el periplo arqueológico de la viajera victoriana Alicia Edwards (por cierto, descendiente de Horace Walpole) - Mil Millas Nilo Arriba (1888) - , o las estampas, románticas y fantásticas, del pintor escocés David Roberts (1838).

13. En este fragmento se basó Lovecraft para escribir su poema Azathoth (1930). En 1922, empezó a escribir una novela con este título, - de la que sólo quedan 500 palabras, publicadas como fragmento en Leaves II (1938) -, aunque hablamos de un Lovecraft aún demasiado "Dunsaniano" como para colocar a Azathoth al frente de la jerarquía infernal de Los Mitos de Cthulhu.

17. Estas líneas prefiguran La Casa Maldita (1924), aunque la relación esté un tanto "traída por los pelos". El edificio (que existió realmente), se encontraba en el n º 135 de Benefit St. y no en Bowen St., aunque, efectivamente, estaba situado "en el lado oriental de la calle (…), posado sobre la brusca subida de la ladera de la colina", y una de sus víctimas se llamaba, precisamente, Hannah Bowen.

"(…) Y aún recuerdo mi terror juvenil provocado no sólo por la morbosa calidad de aquella siniestra vegetación, sino ante la atmósfera y el olor de la ruinosa casa, cuya puerta abierta cruzábamos frecuentemente en busca de emociones.


jueves, 29 de junio de 2023

EL TEMPLO DEL DESEO DE SATÁN, de Andrés Díaz Sánchez

 Interesante y colorido cuento publicado originalmente en La Liga Lovecraftiana, un sitio web que ya no se actualiza hace años pero conservado gracias a la magia de la Internet:




"No existen sucesos morales, sino una interpretación moral de los sucesos. El Mal es, simplemente, lo que desconocemos."

F. Nietzsche

 

 

Los candiles del Templo del Deseo de Satán desprendían una luz aceitosa y trémula. Iluminaban las figuras grotescas y poderosas de negro basalto brillante, las fauces arrugadas de mandíbulas prominentes y belfos retraídos, los ojos de fulgor diamantino, rojos como la sangre. Las desnudas esclavas bajaban la cabeza cuando pasaban junto a las estatuas de los Héroes del Infierno. Las figuras habían sido bautizadas con sangre de recién nacido y dotadas de un eterno poso mágico. Ningún cultita, salvo los sacerdotes -y sólo unos pocos de entre ellos- eran capaces de aguantas sus miradas pétreas e implacables, tan sórdidas como todo lo demás de aquel ámbito.

Techo, suelo y paredes estaban construidos en oro oscuro, plata roja y celeste, mármol amarillento y jade color del mar. La luz comulgaba con las tinieblas, los entes demoníacos preferían los rincones oscuros a la claridad. Muchos acólitos imprudentes habían sido poseídos y después abandonados al dolor y la locura por acercarse demasiado a los lugares más sombríos. En general, nadie osaba aventurarse por entre las hileras de inexpugnables columnas ni aproximarse a las paredes, pues a los diablos les gustaba la piedra y atrapaban a todo el que se les aproximara de forma imprudente.

Aquella noche ocurriría algo crucial. Tendría lugar la Más Alta Invocación, la Gran Posesión, protagonizada por el mismísimo Satán, Señor De Todos Los Infiernos. Cada seiscientos sesenta y seis días, atendiendo a la cifra mágica de La Bestia, se celebraba una Invocación de Alto Nivel, en la cual un ente perteneciente a la nobleza infernal -quizás un barón o un condestable- poseía a un Recipiente por medio del cual se comunicaría con los creyentes. Los recipientes solían ser esclavos de ambos sexos -los demonios, aunque nadie conocía sus ritos de reproducción, si los tenían, mostraban caracteres y comportamiento de marcada sexualidad-, los mas bellos ejemplares, entrenados para no resistirse al ente posesor. Las criaturas terrenales solían intentar defenderse contra la violación mental y física que suponía una posesión infernal. Sin embargo, Allá, se les había adiestrado para brindar gozosamente al demonio todo su ser.

 

Durante estas fiestas de Invocación y Posesión se encerraba al recipiente en un círculo pentacular que retendría al demonio. Éste impartiría sus enseñanzas durante la Misa de Posesión. Tras el mensaje del ente -que podía durar instantes o hasta ciclos menores- el demonio abandonaba el cuerpo poseído, cuyo verdadero dueño solía morir o sufrir una profunda locura hasta el final de su pequeña vida.

Aparte de estas Altas Posesiones, todos los ciclos menores tenían lugar otras, protagonizadas por entes demoníacos de bajo poder. Se encaprichaban con cuerpos humanos masculinos o femeninos y los tomaban. Por ejemplo, dos ciclos menores atrás un guardián del Tercer Nivel fue poseído por un demonio guerrero y lo convirtió durante seis ciclos de instantes en un loco asesino. El poseído mató con su lanza a siete esclavos, dos Sacerdotes Azules y tres mozos de lucha. El demonio lo abandonó al fin y el hombre volvió a recuperar el control de su mente y cuerpo. Fue indultado y bendecido por el Sumo Sacerdote Gris. Tres ciclos menores antes de este suceso, una manada de súcubos entró en un pequeño harén de esclavos masculinos. Los muchachos fueron violados durante horas. Cuando los demonios femeninos se marcharon como vaharada de vapor rojizo los poseídos lloraban y suplicaban a gritos más placer.

Los sabios aseguraban que el Templo del Deseo de Satán no era más que un portal entre el Infierno y el resto de las realidades. Nadie sabía en que punto del Todo estaba ubicado. Se decía que flotaba en la Dimensión de los Sueños -ciertos acólitos aseguraban haber despertado en él tras una vida anterior de vigilia... o tal vez inconsciencia-. Otros afirmaban que se hallaba en una línea tangencial a la curvatura del espacio o del tiempo. Muchos viajeros lo habían buscado incansablemente sin éxito, otros cayeron en sus pétreas fauces sin desearlo. Un ciclo menor, el Templo aparecía sobre un desierto de arena negra, al siguiente flotaba plácidamente en un mar de mercurio... Su posición era itinerante, se movía a través de dimensiones, o quizá éstas fueran las que girasen y el Templo permaneciera quieto.

Nadie conocía tampoco los límites físicos del Templo, dónde empezaba y dónde acababa, ni la totalidad de sus innumerables salas y pasillos. Tampoco su antigüedad ni la identidad de sus constructores, fueran humanos o no. Los árboles genealógicos de ciertas familias sacerdotales se remontaban interminablemente hacia el pasado. Ni siquiera se comprendía cómo transcurría el tiempo allí, y por conveniencia trataba de medirse mediante dos tipos de relojes de agua y arena, que marcaban instantes, ciclos de instantes, ciclos menores –compuestos de ciclos de instantes- y ciclos mayores –compuestos de ciclos menores-. Mas... ¿qué fiabilidad podría existir, cuando quizá los juguetones demonios podían volver del revés las clepsidras antes de que cayera el último grano o gota?

De cualquier modo, existía una persona que ostentaba el poder: Barokk, Supremo Sacerdote del Templo, Sumo Sacerdote Rojo. Su clan cromático se había impuesto al final de las Guerras Sacerdotales, ochocientos ciclos mayores atrás. Había tenido que pelear mental y mágicamente contra otros muchos aspirantes de su propio clan y de los restantes. Él decidía los días en que se celebrarían las Misas de Posesión, fuesen éstas Mayores o Menores, los Ciclos de Matanza, las Fiestas del Ensueño o los nuevos decretos que se incluirían en el Libro del Arte, la enciclopedia que trataba todos y cada uno de los aspectos comprensibles de la Magia en el Templo.

Aquel ciclo menor, el de la Altísima Invocación, Barokk marchaba por el largo y vasto pasillo de basalto negro, sentado sobre un trono de oro transportado por diez esclavos de fuerza. Le llevaban hacia la Capilla Posesional. Observaba con deleite las columnatas, las estatuas, los frisos, los mosaicos de exquisita belleza y malignidad, los tapices de terciopelo, las armaduras hechas para enfundar cuerpos no humanos,...

Nunca se dignaría a volverse, pero sabía que le seguía una multitudinaria procesión: sacerdotes con túnicas de diferentes colores siempre tras su trono -quien osara rebasarlo sería despellejado vivo por el Jefe de la Casta de Torturadores y después empalado-, las huestes de orgullosos guerreros, las masas de músicos, arquitectos, pintores, poetas, escultores... Y por último, los rebaños de esclavos, ya fueran de placer, adornados exquisitamente con sedas y piedras preciosas, de fuerza, musculosos y estúpidos o de otros múltiples usos, menos valiosos aún que los anteriores.

Inmediatamente detrás del trono de Barokk, y sostenido por quince esclavos desnudos y aceitados, estaba el Gran Huevo de Plata, que albergaba el recipiente sagrado.

Barokk era delgado y alto, de cráneo rasurado, rasgos suaves y ojos muy negros, inteligentes y penetrantes. Su voluntad había sido templada al fuego de las despiadadas luchas políticas, mentales y mágicas contra sus compañeros de casta.

Amaba su puesto. Amaba el Templo. Él había instaurado el Deber del Deseo Satisfecho. Según tal directriz cada cual tenía la obligación de dejarse llevar por sus instintos más íntimos. Quien los reprimiera sufriría una ejecución ignominiosa. Por supuesto, primero hubo de normalizarse esta ley mediante rigurosos decretos basados en una premisa fundamental: el Derecho del Ser de Voluntad Fuerte sobre el Ser de Voluntad Débil. Ello permitía que la criatura de carácter más agresivo y poderoso impusiera todos sus caprichos, su amor o su crueldad, sobre sus inferiores.

La Casta de Voluntad Más Fuerte era la sacerdotal, dotada de inteligencia y conocimientos profundos, capaces de plegar el tapiz de la realidad a su antojo. Después le seguía la casta guerrera, cuyas contiendas no tenían ningún motivo: Barokk había comprendido que en todo muchacho dormía un deseo de aplastar y matar un enemigo con sus propias manos. Si se reprimía tal instinto en beneficio de la comunidad el individuo sufriría al experimentarlo sentimientos de culpa y remordimiento, que podían desembocar en timidez, neurosis, depresión y un descenso pronunciado de vitalidad. Así pues, en las Cámaras de Matanza del Templo los jóvenes con deseos agresivos se aliaban en ejércitos rivales y daban rienda suelta a su sed de sangre sin sufrir culpa ni piedad. Miles de guerreros luchaban sólo por el placer de lidiar y asesinar, sobreviviendo los más rápidos y fuertes, de cuerpos musculosos y salpicados de carne, sesos y sangre. Ellos liderarían a los que vinieran después, hasta que otros consiguieran destruirlos, habiendo vivido por la espada y muriendo igualmente por la espada, en el seno del combate, con una loca sonrisa en el rostro.

Había Cámaras de Satisfacción para todas las exigencias: en las Cámaras de Contemplación los bohemios e intelectuales hundían sus mentes en el sopor de las drogas o en los libros de sentido más abstracto para conseguir el conocimiento profundo que realmente buscaban. Muchos se convertían en sacerdotes.

En las Cámaras de Belleza las mujeres más hermosas mostraban su desnuda feminidad, sólo cubiertas por perfumes, joyas, sedas y cosméticos, a masas de hermosos hombres encadenados y sometidos a forzosa abstinencia sexual. Ellos trataban de alcanzarlas con sus manos, siempre sin éxito. Ellas veían en los ojos de los hombres la adoración absoluta provocada por su hermosura. Paseaban sus cuerpos deliciosos con deliberado encanto. Así, lograban el placer que sus orgullos femeninos les demandaban. Había allí concursos y certámenes. Las ganadoras podían desfigurar el rostro, de por vida, a las perdedoras.

También había Cámaras de Dominación Sexual. En éstas, los hombres y las mujeres más duros, diestros e implacables ejercían su Derecho del Ser de Voluntad Más Fuerte sobre admiradores, amantes, temblorosos esclavos de pasión de ambos sexos, a los que partían el corazón una vez tras otra, de manera refinada y cruel.

Barokk había descubierto la llave del poder absoluto: el placer. Dándole placer a los inferiores, el placer que realmente buscaban, siempre los mantendría controlados. Para envidia y desdicha de otros sacerdotes, las masas se rebelarían si intentaran expulsarle de su puesto.

Mas... ¿cual era el mayor placer para Barokk? ¿El conocimiento, tal vez? Él había soportado un saber capaz de quebrar mentes muy poderosas. No, aquella respuesta no lo satisfacía del todo.

Comprendió de pronto que lo que llenaba su vida era el Amor. Un cariño enorme por su trabajo, por sus inferiores, por su Templo. Los amaba sin reservas. También amaba a Satán, por supuesto. No le había entregado el alma -esa era una prerrogativa personal de cualquier habitante del Templo, desde los esclavos a los sacerdotes-, pero ciertamente lo amaba.

Mas, ¿quién o qué era Satán?, se preguntó. Al cabo de una vidas de difíciles estudios, había llegado a la conclusión de que no era mas que un Ser de Voluntad Sumamente Fuerte. Una criatura gobernante de ciertas dimensiones o reinos capaz de enamorar, atraer, dominar y arrastrar a incontables de criaturas. No podía comprender los esquemas mentales de Satán, pues una Voluntad Fuerte, con el paso del tiempo, acababa expandiendo su mente hasta hacerla incomprensible para los inferiores. Tampoco conocía si tenía un último cuerpo o si usaba los de otros, si era un alma, un espíritu, un espectro, o escapaba a toda descripción física.

Escuchó un gimoteo a su izquierda. Irritado, miró hacia allí. Una bonita esclava, vestida con gasas sedosas, se había acercado al trono de Barokk. La mujer sollozaba quedamente y no osaba mirarlo al rostro -de haberlo hecho, le habrían arrancado con pinzas sus bellos ojos.

- ¿Qué quieres, esclava? -preguntó Barokk.

- Amo... La Sacerdotisa Amaria me envía a vos...

- ¿Sabes que serás empalada por interrumpir mis cavilaciones?

Ella reprimió un sollozo.

- Sí, amo, pues sólo soy una esclava. La señora Amaria me ordenó llamaros y no podía negarme a obedecerla. Quiere preguntaros algo...

- Di.

- La señora Amaria desea saber si ella podría protagonizar la Gran Posesión.

- Ve a tu señora con esta palabra en los labios: "No". Ya se lo he dicho otras veces. Después de la ceremonia, preséntate en las Cámaras de Tortura para que el Sumo Torturador te empale lentamente. Puedes retirarte, esclava.

- Gracias, amo -la muchacha, sin cesar de llorar, se marchó cabizbaja.

Barokk miró a la esclava hasta que ésta desapareció. También la amaba a ella, profundamente. A todos los amaba. Incluso a la irritante Suma Sacerdotisa Negra Amaria.

Accedieron a la gigantesca Capilla de Posesión. Llegado un momento determinado, el trono de Barokk fue depositado en el suelo. Subió la escalinata sagrada. Los Sumos Sacerdotes del Resto Cromático -Verde, Azul, Gris, Amarillo y Negro- caminaron tras él con la cabeza baja. Ninguno de ellos -ni siquiera Barokk- pisó el Sagrado Círculo Pentacular.

Barokk se colocó tras el altar de oro, su metal favorito. El resto de los sacerdotes se dispuso a su izquierda y derecha. Distinguió por el rabillo del ojo a Amaria, la Suma Sacerdotisa Negra. Ya antes de que la magia la convirtiera en un ser de divina hermosura había sido una mujer muy bella. No podía ocultar bajo su pesada túnica las rotundas y adorables curvas de su cuerpo. Quizá ella no las deseara esconder, sino insinuar. El rostro lucía maravilloso, de rasgos finos y delgados, ojos y cabello muy negros y tersa piel blanca que contrastaba con unos labios rojos y llenos, labios lujuriosos creados para ser estrujados y saboreados sin compasión. Era un Ser de Voluntad Fuerte y conseguía lo que le apetecía. Gustaba de enloquecer a decenas de hombres y mujeres con su belleza. A muchos los había conducido al suicidio, tan sólo por pura diversión.

La Sacerdotisa Negra mostraba un rostro tranquilo, severo. Pero sus ojos no podían ocultar la ansiedad y la frustración.

Tras el sermón de rigor, escuchado en expectante silencio por miles de fieles, Barokk ordenó subir el recipiente al pentáculo.

Los esclavos llevaron la esfera de plata cerca del altar y la abrieron con gran cuidado -el error de uno costaría una muerte muy lenta para todos en las Cámaras de Tortura. Dentro del brillante huevo, ahora abierto, había una mujer exquisita, apenas cubierta por tenues sedas, maquillada y peinada de manera elegantemente. El sedoso y abundante cabello rubio caía graciosamente sobre su espalda y sus llenos y dulces pechos. Estaba arrodillada, con las manos sobre los muslos y la cabeza baja. Sus ojos de largas pestañas permanecían obedientemente cerrados.

Ella sería la víctima, el cuerpo poseído por Satán.

Barokk se acercó al huevo. Sonrió tiernamente mientras contemplaba a la chica, como un padre ante su hija. Acarició el pelo dorado. Ella permanecía inmóvil. La habían drogado para no ejercer resistencia a la Posesión.

  • Puedes abrir tus ojos, doncella -dijo Barokk con voz meliflua.

La esclava obedeció. Eran azules, con dilatadas pupilas que brillaban febrilmente.

 

- Sal de la esfera y colócate en el pentáculo.

El recipiente se movió lánguida y suavemente, provocando un expectante silencio general. Entró en el círculo pentacular y se arrodilló otra vez, las manos en los muslos y la cabeza baja. Barokk entró igualmente en la figura geométrica. Sacó de entre sus ropajes la daga enjoyada e hizo dos cortes, uno en cada muheca de la chica. Ella se estremeció ligeramente, mas no emitió sonido alguno.

El Sumo Sacerdote apretó con sus pulgares las arterias de los finos antebrazos durante largos instantes. Después retiró la presión y la sangre fluyó, cayendo en dos grandes cuencos. Utilizó los dedos para pintar de nuevo las líneas de la estrella invertida y del círculo que rodeaba a la joven. Mientras realizaba esta tarea musitaba cánticos y adoraciones a los Altos Señores del Infierno, convocándoles, implorándoles fuerza y dicha. También emitía con trémula voz hechizos arcaicos, poderosos, palabras que una vez pronunciadas provocaban irreversibles reacciones en cadena.

El aire comenzó a espesarse, como si dos manos gigantescas estuviesen aplastándolo lentamente. Los presentes sentían sucios escalofríos que recorrían sus columnas vertebrales. Los más débiles sollozaban silenciosamente a causa del hipnótico terror. Espectros menores se debatían alrededor del círculo pentacular, como jirones de aire caliente. Intentaban penetrar en la figura para poseer a aquella adorable víctima. Mas Barokk había consagrado el recipiente al Altísimo y no permitiría intromisiones. Así pues, los íncubos chillaban al chocar contra la inmaterial protección. Muchos pagaban su frustración con el público, poseyendo furiosamente a diversas esclavas hasta hacerlas aullar entre espasmos.

La sangre de círculo y pentáculo brilló fulgurantemente. Era una línea de luz escarlata que serpenteaba hasta las muñecas del recipiente.

Barokk lamió la daga y después alzó los brazos. Parecía dotado de un aura de fortaleza. Desorbitó los ojos y gritó con voz poderosa:

- ¡Yo te invoco, Señor de Todos los Infiernos, Príncipe de las Mentiras! ¡Te invoco por el poder del Mal en los corazones de los hombres! ¡Por el Universo entero! ¡Ven, Señor Satán, toma esta ofrenda, habla a tus fieles!

El recipiente, de pronto, abrió de par en par sus bellos ojos. A pesar de las drogas, el horror que sentía era puro, real. Sus pechos se alzaban y bajaban rápidamente, su fina piel brillaba a causa del sudor. El rostro se contrajo en una expresión de dolor lacerante. La rubia cabeza cayó hacia atrás y con ella el resto del cuerpo, como traccionado por una fuerza invisible.

La capilla comenzó a llenarse de murmullos exclamativos y silencios de admiración.

Amaria se acercó a Barokk, quien contemplaba al recipiente contorsionarse inutilmente, como si un gran peso la aplastara contra el suelo.

- ¡Déjame entrar en el círculo pentacular! -pidió a Barokk Amaría, la Suma Sacerdotisa Negra, mirando con lujuria mal disimulada al recipiente- ¡Tienes el poder de cambiar la víctima u ofrecerle otra más al Gran Señor!

Barokk la miró con irritación.

- No lo haré, Amaria. Tú ya fuiste recipiente otra vez. Deja que ahora otro ocupe ese puesto.

Amarla bufó como una gata furiosa. Tres Altas Invocaciones en el pasado ella había sido el recipiente. Se ofreció voluntaria, aún conociendo los peligros de la Posesión de Satán. Barokk sonrió al recordarla encadenada y desnuda, anhelando la venida de Su Señor. Satán la había penetrado y embestido salvajemente una y otra vez. Ella comenzó chillando de dolor, mas pronto sus alaridos sonaron llenos de placer y lujuria. Miles de acólitos contemplaron a la Suma Sacerdotisa Negra retorcerse lúbricamente y gritar obscenidades que hasta para ellos resultaron escandalosas. En esa ocasión, el Señor de Todos los Tnfiernos no les habló; se limitó a satisfacer una lujuria animal. Pero el público dudaba sobre quién realmente había disfrutado más: si el posesor o su víctima.

Desde entonces, Amaria había solicitado y hasta suplicado a Barokk ser el recipiente en las siguientes Altas Invocaciones. El Sacerdote Supremo, divertido, se negó una vez tras otra.

Los gritos de dolor del recipiente devenían poco a poco gemidos, para al poco convertirse en roncos gritos deleitosos de lujuria.

Barokk entrecerró los ojos, contemplando la posesión. Una criatura sensible, hasta no ser ocupada por un Ser de Mayor Voluntad y despojada implacablemente de toda intimidad y orgullo, no experimentaba el arrasador placer reservado al sujeto absolutamente dominado.

Amaria observaba al recipiente con manifiesta envidia. Barokk sonrió de nuevo. Qué ironía que la Suma Sacerdotisa Negra, tan fría, arrogante y cruel, una mujer poderosa que había partido mil corazones de hombres y mujeres, estuviera tan dispuesta a humillar públicamente su orgullo a cambio de tamaño placer.

- Eres más esclava que ella -le imprecó Barokk, señalando al recipiente dentro del círculo pentacular.

Amaria le miró con furia asesina, mas de pronto se vio atacada por la vergüenza y el pudor y se cubrió con las manos su bellísimo rostro. Aún así, volvió la vista hacia la jovencita poseída, sin lograr apartarla de ella, entreabriendo los labios. Barokk rió, con gran placer. También amaba a la ansiosa Amaria, Suma Sacerdotisa Negra. ¡Cómo los amaba a todos, sus Hijos, sus Retoños!

El recipiente aulló, sin control alguno de cuerpo y mente. De pronto, fue levantada como por una mano invisible. Sus ojos se desorbitaron, el horror se pintó en ellos. La boca se abrió hasta que las mandíbulas se descoyuntaron y vomitó vísceras, intestinos y sangre. El rostro de la joven estaba ceniciento. Sus ojos brillaban con una agonía capaz de romper la mente. Surgieron de ella palabras ininteligibles, similares a rugidos de un tigre, que hacían volar gotas de sangre y espuma. Restallaban como latigazos metálicos contra el silencio absoluto.

Satán les estaba hablando.

Calló. La chica, aún viva, expelió por sus ojos un humor blanco y amarillo de agrio hedor. De pronto, surgieron incontables voces de su garganta: mugidos, ladridos, gritos, carcajadas,... Y en todos los tonos. Ninguna resultaba inteligible. Aquella cacofonía resultaba fascinantemente horrenda. Barokk volvió a preguntarse si Satán sería un solo ser, un grupo de entes unidos o una mente con múltiples personalidades.

El recipiente sufrió una violenta arcada. Volvió a vomitar sangre. Su cabeza se volvió lentamente. Miró a Amaria. La poseída le sonrió de manera lasciva. Sus ojos ardían con fulgor rojizo. Llamó a la sacerdotisa moviendo el dedo índice.

Amaria, como hipnotizada, andó hacia el círculo pentacular.

De pronto, gritó de dolor. La barrera mágica no le permitía entrar en él. La sacerdotisa lo intentó de nuevo, frenéticamente, pero fue repelida hacia atrás una y otra vez. Al fin, acabó en el suelo, sudorosa, jadeante, temblando de rabia y frustración. La poseída se reía de ella con carcajadas infantiles, que aumentaron su frecuencia hasta convertirse en una sola nota, vibrante y aguda.

Muchos de los presentes rieron también, sobre todo los Sacerdotes Negros rivales de Amaria.

Ésta retrocedió, medio a rastras, horrorizada. La risa se tornó general. Barokk también se regocijó. Al fin y al cabo, aparte de ser el Príncipe de las Mentiras, Satán era el Rey de la Crueldad y la Humillación. La Suma Sacerdotisa Negra desapareció miserablemente de vista.

El recipiente habló voz de hombre, profunda y grave. Abría y cerraba la boca bruscamente como un muñeco de carne y hueso manejado por un invisible ventrílocuo:

- ¡AMADOS FIELES! -un inconmensurable trueno estalló desde el público. ¡Era el Gran Satán quien les hablaba! Le aclamaron, riendo y llorando, hasta rompérseles la voz - ¡YO OS HE CREADO! ¡YO HE CREADO ESTE TEMPLO! -Barokk esbozó una levísima mueca de desagrado- ¡HE HECHO POSIBLES VUESTRAS VIDAS, VUESTRAS JERARQUÍAS, VUESTRO PODER, VUESTRO PLACER Y VUESTRO DOLOR! ¡ADORADME! ¡ADORADME, GUSANOS!

Miles y miles de acólitos, todos los presentes en aquella inmensísima sala, se arrodillaron y gritaron su nombre gozosamente. Eran sus esclavos, lo desearan o no. El poder de la veneración vencía cualquier orgullo.

Barokk también se postró y tocó con su frente el suelo. Amaria también lo hizo. Ahora reía felizmente, llena de gozo y dicha, mientras gritaba el nombre de su amo.

- ¿ME AMÁIS? -rugió Satán- ¿TODOS ME AMÁIS?

Una sola voz afirmativa fue su respuesta.

- ¿HASTA EL FONDO DE VUESTROS CORAZONES?

Otra ovación unánime.

- ¿NADIE OSARÁ MENTIR?

Una negación de masas.

Los ojos de la poseída salieron expulsados del rostro. El cadáver se desplomó en el suelo.

¡ BLASFEMIA!

El grito ascendió hacia lo alto y después bajó al suelo, clamando aquella terrible palabra. Mi1es de corazones pegaron un vuelco en sus pechos. La voz, ya fuera del recipiente, voló de un extremo a otro de la capilla, como un ave fugaz, su volumen ascendiendo y descendiendo fantasmalmente:

¡NO TODOS ME AMÁIS POR COMPLETO! ¡MENTÍS A VUESTRO SEÑOR!

Barokk sintió pánico: la presencia invocada estaba fuera del círculo pentacular... Las normas habían sido infringidas, un imprevisto no sucedido en más de cien Altas Invocaciones. Un escalofrío subió por su columna vertebral.

Alzó la cabeza, pasmado. Ante él, en el aíre, se abría un vacío de negrura. Era pura nada, oscuridad total y pegajosa, un desgarrón creciente sobre el tapiz de la realidad. En el centro de la tiniebla se abría otra más densa, la cual albergaba, a su vez, una tercera sombra que la superaba en opacidad. Los agujeros crecían concéntricamente, su centro se remontaba hacia el infinito. Y todos los abismos miraban a Barokk.

- ¿Qué...? -logró musitar el sacerdote.

Quiso retroceder, pero estaba demasiado horrorizado y fascinado como para hacer otra cosa que permanecer de rodillas, la vista fija en el agujero sobre el tapiz de la realidad.

"¡SACERDOTE SUPREMO!" -bramó el Abismo- "¡ERES TÚ! ¡ERES TÚ QUIEN ME AMA DE FORMA FALSA! ¡QUIEN NO ME QUIERE CON TODO SU SER!"

Barokk estrelló su frente contra el suelo.

  • ¡No! -sollozó- ¡Te amo, Señor Mío! ¡Te amo con todo mi corazón!

"¡NO! AMAS EL TEMPLO. AMAS EL ORDEN, LA JERARQUÍA, LAS NORMAS... ¡AMAS EL PODER QUE TE DA TU DIOS, PERO NO AMAS A TU DIOS!

Estalló una brutal, tronante carcajada que sumió en el terror más abyecto a los presentes. Barokk aún mantenía una parte de su mente en orden; con ella, escuchaba y entendía lo que Satán le dijo:

"HE VIAJADO A TRAVÉS DE EONES Y DIMENSIONES. HE CRUZADO LOS ABISMOS, HE BUCEADO EN EL CAOS. HE VISTO EL PASADO Y EL FUTURO. HE CONTEMPLADO Y HE DOBLAGADO A DIOSES. HE OBSERVADO TODAS LAS RELIGIONES DE LOS HOMBRES EN TODOS LOS ÁMBITOS DE LA REALIDAD. SUS SUMOS SACERDOTES SOIS IGUALES. LO QUE REALMENTE AMAIS ES EL PODER. Y TÚ, BAROKK... TÚ SÓLO TE AMAS A TI MISMO"

Barokk sufrió un fuerte estremecimiento. La agonía y el arrepentimiento llenó su espíritu. Comprendió de pronto que Satán llevaba razón. Él estaba en lo cierto. Era un mal creyente, un falso, un ególatra que utilizó el poder de Su Señor únicamente en beneficio propio.

El Sumo Sacerdote vibró. Aulló de manera espeluznante. La mancha de color que era el sacerdote fluctuó y se retorció como un jirón de formas, se estiró imposiblemente, se separó del suelo y fue absorbida por la Oscuridad. La tiniebla, entonces, se desgajó en dos gigantescos ojos de inconmensurable y enloquecedor mal. Elevados por una columna de fuego blanco y dorado, aquellas dos tenebrosas joyas se alzaron sobre sus fieles. Ninguno de ellos osó despegar la vista del suelo.

"¡OÍD Y OBEDECED!", ordenó la voz sagrada, "¡DE AHORA EN ADELANTE, NO HAY NORMAS NI LEYES EN EL TEMPLO DEL DESEO DE SATÁN! ¡SOIS LIBRES! ¡SOIS TODOS TOTAL Y COMPLETAMENTE LIBRES PARA HACER CUANTO DESEÉIS! ¡OS CONCEDO LA LIBERTAD!"

Las dos sombras se expandieron infinitamente, dispersándose en el Tiempo y el Espacio, hasta desaparecer por completo.

Los miles de acólitos quedaron en silencio. Al poco, oyéronse murmullos asombrados, luego conversaciones, quejidos, protestas, primeros gritos y por último un clamor vociferante tan furioso como angustiado:

- ¿Qué haremos ahora?

- ¡No hay leyes!

  • ¿Cómo se regirá el Templo?
  • ¿Quién nos dirigirá?

- ¿Quién será el nuevo Sacerdote Supremo?

- ¡Yo! -Amaria, la Suma Sacerdotisa Negra, estaba en pie, con las manos en las caderas.

Los miraba altiva y desafiante. Todos callaron.

Entró en el círculo pentacular, besó en la boca al muerto recipiente. Se dirigió a los fieles:

- ¡Hay nuevas normas! -gritó la mujer- ¡Yo las impondré! ¡Yo seré el Nuevo Sacerdote Supremo del Templo del Deseo de Satán!

Miles de seres respiraron, aliviados. La alegría estalló en forma de salvas y vítores a la nueva Sacerdotisa Suprema del Templo del Deseo de Satán. Amaria sonrió, satisfecha. Les contempló, borracha de triunfo, pero también de desprecio: ¡pobres criaturas! Ellos siempre necesitarían un líder. Jamás dejarían de ser unos esclavos... ¡esclavos de sí mismos!, incapaces de tomar sus propias decisiones y actuar conforme a ellas. ¡Qué fino sentido del humor el de Su Señor Satán, prometiéndoles la libertad! Si, ciertamente Él era el Príncipe de las Mentiras.

De pronto, a pesar de que les despreciaba, Amaria sintió un enorme cariño hacia ellos. La fuerza de sus emociones la sorprendió: los amaba. Eran sus hijos, sus niños, a los que ella mimaría, dirigiría y castigaría. Era un gran gozo el que experimentaba, queriéndolos de tal manera. Casi sentía pena por Barokk, el frío y duro Barokk, que estuvo tan concentrado en los elevados asuntos y tan alejado de lo mundano. Amaria decidió que él nunca podría haber experimentado ese amor hacia sus súbditos. No, era imposible que Barokk hubiese amado a nadie salvo a sí mismo, como dijo Satán. Amaria lo compadeció. Pero soltó una gran carcajada. También lo amaba, estuviera donde estuviese ahora. Mas no cometería los errores que le llevaron a la ruina. Ella amaba a los acólitos. Estaba llena de amor. Ella no era como Barokk.

La Sacerdotisa Suprema ordenó retirar el cadáver de la esclava poseída y limpiar el círculo pentacular.

Habló con fuerza y gravedad a sus súbditos y permitió que la aclamaran muchas veces. Cuando estuvo satisfecha, les dio permiso para marcharse de vuelta a sus cubiles. Los alborozados fieles se fueron. Había sido una inolvidable Alta Posesión. Había muerto un Sumo Sacerdote y otro tomó su puesto. Satán les había hablado, les había dado la libertad. ¡Qué gran Señor era! Sin embargo, todos experimentaban un gran alivio y tranquilidad, a pesar de tan magnos acontecimientos: era como si, en realidad, nada hubiese cambiado. Nada.

Y eso era lo que realmente les hacia sentirse tan felices.






jueves, 18 de mayo de 2023

Cleopatra de Netflix, o como un icono historico puede o no puede haber sido negro

 


 

Deben haber oído sobre la polémica del nuevo documental sobre Cleopatra en Netflix, debido a que la actriz que la interpreta ahora es negra, o mejor dicho birracial, y vaya que ha causado conmoción en Internet y los medios en general, solo busquen en Google “Cleopatra is black” “Cleopatra racist” o “Cleopatra es woke” para confirmarlo, incluso los propios egipcios han saltado para protestar por lo que llaman un “robo a su cultura”

Honestamente creo que hay mas que un poco de hipocresía por parte de algunos -no todos, pero si muchos- que protestan por esto, sobran los casos en películas y series donde los antiguos egipcios son interpretados por actores blancos sin ningún vínculo genético o cultural con el Egipto actual, o derechamente sin parecer del norte de África, solo vean esa película de “Dioses -blancos- de Egipto” o esa última versión de los 10 mandamientos de la que nadie se acuerda. Por otro lado, esto se supone que es un documental, no un obra de ficción, y se supone que debe contarnos una realidad histórica real e imparcial, pero parece que no es el caso.

Toda esta controversia hay que verla en su contexto, y es que tenemos una vaga, muy vaga idea de que apariencia tenían los antiguos egipcios, su arte era sumamente estilizado y a menudo poco realista e incluso los testimonios de romanos y griegos de siglos después no son de mucha ayuda, describiéndolos como “de piel oscura y cabello rizado” algo que podría ser negro, o semítico, o italiano. Lo mismo con Cleopatra, no hay imágenes de ella contemporáneas a su vida y otras fuentes no son 100% confiables, por ejemplo, monedas que supuestamente muestran su rostro podrían ser de reinas anteriores y simplemente reutilizaron el modelo, etc., hay algunos estudios que indican que ella podría ser en parte mulata, pero no es algo 100% confirmado.

Y como aporte a esta discusión, aquí unos cuantos videos sobre el tema:

Una egiptóloga da su opinión sobre el documental (en español)

La misma egiptologa habla sobre la posible raza de Cleopatra

Una chica egipcia habla al respecto (en inglés)

Una chica egipcia habla al respecto parte 2

Y parte 3

¿Cuál es el verdadero rostro de Cleopatra?