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sábado, 3 de enero de 2026

Piel de sapo para expandir la mente (Cuento)

 Un cuento de mi autoria perteneciente al Universo de la AGIAT.


Iquique, Chile, otoño

Natalia se encontraba en su habitación, mirando a través de la ventana, fumando, observando el urbanizado horizonte. El cielo estaba nublado y gris, tan gris como los edificios de departamentos y oficinas que podía ver. De vez en cuando miraba hacia la calle, varios pisos más abajo, buscando a alguien entre la multitud, y luego echaba una mirada a su celular, esperando algo.

Volvió a mirar abajo, distraídamente, sin fijarse en nada en especial. Ya empezaba el atardecer, pero aun muchas personas caminaban ocupándose en sus propios asuntos, pero ninguno de ellos era Mario, su novio. De vez en cuando pasaba alguien que podría ser el, pero tras observarlo con mayor atención, descartaba esa idea.

De pronto vio algo que le llamo la atención, alguien (¿hombre, mujer?) cuya cabellera negra brillo por un momento en azul al reflejarse en su cabeza un rayo de sol. Fueron unos pocos segundos, y luego ese brillo desapareció al subirse el dueño de esa cabellera a un autobús del transporte público. El aura luminosa que rodeo su cabeza fue notoria incluso a la distancia en la que estaba Natalia, lo cual la dejo intrigada… ¿Qué seria eso? No estaba seguro si era un hombre o una mujer, en todo caso parecía ser alguien muy bajito, comparándolo con las demás personas en la calle ¿Tal vez un hada? Las hadas solían tener un brillo especial en el cabello (¿Cómo era esa palabra, cuando una cosa brillaba y reflejaba la luz de un modo especial?) al menos algunas, y en Iquique, y prácticamente todo Chile, las criaturas no-humanas más comunes, y generalmente las únicas, eran las hadas, aunque la mayoría no eran hadas “puras” sino semihadas, mestizas mitad humanas, o mayormente humanas, bajitas de estatura y de orejas puntiagudas, y con suerte con bonito cabello brillante (iridiscente, esa era la palabra) y ojos extrañamente grandes, pero mediocres en la magia e incluso incapaces de volar.

Su mente empezó a divagar, recordando como a las semihadas -especialmente a las femeninas- se las consideraba atractivas por sus ojos claros, piel suave y cabello brillante, y muchas tenían facilidad para seguir carreras en el modelaje y la televisión, sin importar si realmente tenían talento para la actuación… Había un poco de fetichismo en eso, y recordaba también carteles pegados en la calle donde solicitaban a “señoritas de entre 18 a 35 años” para trabajar “en un privado” como “damas de compañía” (es decir prostitución legalizada) y muchos de esos carteles recalcaban la frase “de preferencia señoritas con ascendencia faérica notoria”

(Su mente siguió divagando, y empezó a recordar una época en su vida, apenas tres años atrás, cuando era una estudiante sin recursos y con muchos aprietos económicos, una época donde ella empezó a mirar con interés, esperanza y ligera repulsión esos mismos carteles de “se buscan señorita”)

Finalmente escucho un pitido en su celular, lo cual interrumpió el curso de sus pensamientos (para su alivio… ) Lo reviso encontrándose con un mensaje de Mario, una frase que solo tendría sentido para ellos dos.

-Ya llego, los sapos están listos (emoji carita sonriente)

Se aparto de la ventana, arrojo la colilla de cigarro al lavaplatos y a continuación saco otro cigarrillo… pero lo pensó mejor y lo guardo.

Un minuto más tarde alguien golpeo a la puerta de su departamento, y ella le abrió.

-Llegué, lo traje todo ¿estas lista? -Mario, gordo, con barba y su infaltable polera con el nombre de una desconocida banda de rock indie, entró como si fuera el dueño del lugar, sin saludar y cargando una caja de zapatos.

-Saluda al menos ¿Qué acaso dormimos juntos? -Dijo Natalia sin disimular su molestia.

-Bah, disculpa -se acercó y le dio un beso en la mejilla- Hola… ¿estas lista?

-Yo sí ¿Hay que preparar algo, colocar o usar algo?

-No, solo cerrar las ventanas… y creo que con una luz tenue bastara.

Unos minutos más tarde, con las cortinas cerradas, una única lampara encendida y habiendo
despejado el centro de la habitación, Mario Y Natalia se sentaron con las piernas cruzadas sobre la alfombra, y en medio de ambos la caja de zapatos. La lampara apenas era suficiente como para crear un circulo de luz que los abarcaba a ambos y a la caja, llenado de sombras alargadas las paredes.

-¿Cómo lo conseguiste?

-Se dice el milagro pero no el santo… Tengo contactos, ya sabes.

Mario levantó la tapa y sacó lo que la caja contenía. A Natalia, al principio, con la leve luz, le pareció completamente negro, pero luego se dio cuenta de que su color era más bien un pardo verdoso en el lomo y toda su parte superior, y más claro en el vientre. Era un sapo, un enorme sapo gordo y de aspecto verrugoso, si Natalia fuera bióloga lo habría identificado como un Incilius alvarius, o sapo del desierto de Sonora, pero también habría notado unas diferencias anatómicas leves pero evidentes y habría llegado a la conclusión de que se trataba de un ejemplar de otra especie, sin duda de la misma familia Incilius, pero no un sapo de Sonora. Pero Natalia no era bióloga, y para ella era solo un sapo de aspecto desagradable e hinchado, pero hasta ella noto que su piel se veía seca y apagada.

-¿Esta… bien?

-Supongo, debe haber estado mucho tiempo dentro de la caja, a mis “contactos” tampoco le fue fácil conseguirlo. -La miró fijamente y repitió- ¿Estas lista?

-Yo… -Natalia suspiró, volvió a cuestionarse como su novio la convencio de participar en este experimento- ok, vamos a hacerlo, pero sería mejor uno primero y después el otro.

-No ¿por qué?

-Sería más seguro.

-Esto es seguro, los Aymaras de Guatemala han estado lamiendo estas cosas por siglos, para sus rituales ayahuasticos.

Natalia no era antropóloga, pero hasta ella sabía que los Aymaras eran un pueblo indígena que vivía principalmente en Perú, Bolivia y Chile, muy lejos de Guatemala, y también sabia que “ayahuastico” no era una palabra real, pero prefirió no decir nada.

-Vamos, esto va a ser genial, no hay ningún peligro si iniciamos el viaje juntos, será mejor así, más místico, mas… eh, místico, más espiritual, solo recuerda la vez que probamos la ayahuasca ¿Lo recuerdas?

Natalia lo recordaba, una de sus experiencias -LA experiencia- más alucinante de su vida, recuerda que llego a ver duendes, si, duendes, y no solo a verlos, llego a tocarlos, tal como ahora sentía la áspera textura de la alfombra bajo sus pies desnudos.

-Así que… ¿Vamos en serio o no?

-Dale, vamos.

Mario apretó al sapo entre sus manos y le hundió las uñas en su piel, el animal, que había permanecido quieto hasta entonces se agito e intento escapar.

-¡Oye, que haces!

-Hay que estresarlo, solo así sueltan los alucinógenos.

Natalia no dijo nada, pero, aunque el animal le resultaba repugnante, no le gustaba que lo maltrataran gratuitamente, tampoco le gustaba la mirada del sapo, a pesar de sus ojos vacuos e inexpresivos, le parecía que su mirada expresaba ira y furia, como si quisiera matar a sus atormentadores.

-Creo que ya está bien, la piel como que se le nota más húmeda… ¿Lista?

No había más remedio, ya habían llegado muy lejos, y mientras ella repasaba mentalmente las precauciones que habían tomado (cuchillos escondidos, ventanas con las cortinas cerradas, puerta cerrada, gas cortado) Mario le dio el primer lengüetazo al sapo.

Y después otro.

-No siento nada todavía -otro lengüetazo- hay que esperar a que haga efecto.

Y se lo entrego a Natalia.

“Dios, como fue que llegue a esto” Y con repugnancia lamio al bicharraco. Sorprendentemente, no tenía mal sabor, o mejor dicho, no tenía sabor a nada, un par de lamidas después se lo devolvió a Mario.

-¿Sientes algo?

-No.

-¿Sientes cómo se expanden tus sentidos, como se abren las puertas de la percepción, como tu mente se ilumina y rompe las barreras de la mediocridad y la monotonía, para entrar en contacto con el Cosmos y sus secretos?

-No.

Varios minutos y un par de lamidas después aun no pasaba nada.

-Esperemos.

Minutos después, aun nada.

-La dosis no es suficiente, hay que volver a lamer.

Nada.

Natalia creyó por un momento escuchar algo, afuera, en el exterior. Pero luego se dio cuenta de que no era así, solo fue su imaginación, ningún sonido extraño venia de afuera.

De hecho, ningún sonido venia de afuera, y no era tan tarde como para que los ruidos del tráfico desaparecieran.

-Creo que me estafaron -dijo Mario minutos después- Ya deberíamos sentir algo… Creo que voy a conversar con alguien, alguien me debe una explicación.

Natalia se levantó, en cierto modo se sentía aliviada, y a la vez algo decepcionada.

Camino hacia la ventana y corrió la cortina.

Al principio solo sintió confusión, eso por unos pocos segundos, luego sorpresa, la cual paso
demasiado rápido, y después pavor, que llego como una ola golpeando y estallando en espuma, y también una idea. Una que alivio el pavor y miedo que la inundaban.

“Estoy alucinando… realmente estoy alucinando, las lamidas finalmente tuvieron efecto”


El cielo estaba rojo, no rojo como al atardecer, sino rojo sangre, y la luz teñía también de rojo a los edificios y a todo lo que podía ver desde la ventana, abajo, en vez de una multitud y autos, corría un rio rojo, espeso y burbujeante.

Y arriba estaba el sol, de un tono de rojo menos intenso, y mirarlo directamente no heria la vista.
No, no era el sol, lo que había en el cielo parpadeo, se movió, y formo un iris carmesí.

Y luego miró directamente a Natalia.

-Mario… ¡Esto es increíble! ¡La mejor alucinación que tenido en mi vida! -Natalia se sentía llena de vértigo, como si caminara por el borde de un precipicio.

Y el ojo la miro y parpadeo, diciendole:

No estas alucinando.

Y Natalia comenzó a gritar.

martes, 28 de enero de 2025

El enigmático caso del hombre-gato que aterrorizo a Argentina

 



En 1984 un desconocido enfundado en un disfraz gatuno inició una ola de ataques en Buenos Aires nunca esclarecido.

Impredecible y amoral como todo gato, apareció de repente una noche de invierno de 1984 en Brandsen para iniciar un derrotero de tropelías por el conurbano bonaerense. A lo largo de siete meses puso de cabeza a la policía, aterrorizó a la población de distintas localidades y se ganó un lugar destacado en las noticias, hasta que se esfumó tan súbitamente como había llegado dejándonos con una incógnita que todavía perdura.

Estamos hablando del desconocido que aquel año perpetró varios ataques disfrazado de gato con resultados obviamente desastrosos, porque un humano y un gato solo pueden dar lugar a la peor cruza posible.

Según dijeron los testigos, se trataba de un ser vestido enteramente de negro, con una máscara equipada de orejas punteagudas y con garras de metal con las que hería a sus desprevenidas víctimas mientras profería horrorosos maullidos.

Al principio se lo llamó “el Gato Montés” pero pronto el Diario Popular lo rebautizaría inmortalizándolo como “El Hombre-Gato”. Salvo por los primeros episodios, que fueron ataques sexuales, nunca se supo por qué se dedicó durante meses a sorprender y rasguñar transeúntes para luego huir sin matar ni robar, lo cual en realidad no deja de tener cierta lógica: los que tenemos un gato en casa sabemos que este animalito juega todo el tiempo a sorprendernos y simular que nos ataca porque la Naturaleza lo diseñó justamente para que esa sea su principal ocupación.

Estoy viendo a un feo gatito

La mañana del 5 de agosto de 1984 la localidad bonaerense de Brandsen amaneció con la noticia del asalto sexual a una joven la noche anterior, que dijo haber sido sorprendida en su cuarto por un hombre enmascarado que maullaba, con garras, disfrazado de gato.

Pronto los vecinos comenzaron a escuchar en las noches horribles maullidos que claramente eran producidos por una persona y poderosos rasguños en las puertas de las viviendas. Quienes hablaron con la prensa amarillista dijeron haber visto a un hombre alto dotado de una increíble agilidad que andaba por los techos con la misma destreza con que lo haría un minino.

Se dijo que la Policía le dio poca relevancia al principio y los ataques siguieron aunque ya no eran de tipo sexual sino incomprensibles. El malvado felino humano sorprendía a cualquiera que anduviera por la calle en la noche y simplemente lo lastimaba con sus poderosas garras artificiales para después huir sin robarle nada.

El miedo se apoderó de la gente al punto que ya nadie salía cuando bajaba el sol. Los hombres se empezaron a organizar para darle caza mientras que la Policía rastreaba sin suerte las llamadas del maleante gatuno, que constantemente se burlaba. La paranoia alcanzó tal magnitud que los hombres jóvenes y atléticos de Brandsen se transformaron en sospechosos y hasta hubo un profesor de karate, Carlos Godoy, que se vio obligado a aclarar públicamente que él no tenía nada que ver con el peludo personaje.

Hubo un testigo que se dio a conocer como Arnaldo Llaños, que dijo haber sido sorprendido una noche por el extraño felino y haber luchado con él, saliendo vivo de milagro aunque con un par de heridas. Nunca más se supo del tal Llaños y hubo quienes pensaron que fue un testigo con nombre falso, pagado por los medios amarillistas para seguir vendiendo ejemplares.

Sin embargo, el famoso gato estaba muy lejos del verdadero espíritu felino porque se sabe que la curiosidad mató al gato y que a estos animales el peligro no los disuade de persistir en sus travesuras. En cambio, este atacante seguramente se habrá percatado de que tantos vecinos armados representaban un enorme riesgo así que no tardó en mudarse a otras localidades. Monte Grande, Burzaco, Almirante Brown y Lavallol se convirtieron en nuevos blancos de sus ataques y también se lo vio de trapisondas en Córdoba, Santa Fe y en Capital Federal, en zonas de arboledas.

Gatos empoderados

Cuando el desconocido amplió su radio de acción, las historias que circularon empezaron a cambiar muchos detalles –para algunos usaba pantalón y polera negra mientras que para otros estaba cubierto de pelo, por ejemplo- pero todos coincidían en que ya no se trataba de un solo Hombre-Gato sino de varios que se complotaban para salir a maullar muy fuerte a la vez que arañaban las puertas, y hasta murmuraban entre ellos palabras que parecían del portugués.

En esta segunda etapa el miedo alcanzó el rango de una psicosis colectiva –sobre todo entre los niños y las chicas jóvenes- porque además estos felinos estaban más desatados que nunca y ya no eran babosos acosadores de mujeres, sino verdaderos cazadores: se arrojaban desde las copas de los árboles a clavar sus garras en el que pasara debajo, aunque afortunadamente no llegaban a matar.

El límite llegó cuando se informó de una niña de 9 años que sufrió heridas considerables y finalmente se habló de dos hombres que resultaron muertos. La verdad es que nunca se confirmó la veracidad de esas dos muertes que informaron algunos medios pero fue suficiente para desatar el pánico y forzar a la Policía a un operativo más contundente.

A fines de diciembre de 1984 se publicó la versión de que habían abatido en Ezeiza a un hombre disfrazado de gato, pero la alegría duró poco. En los primeros días de 1985 el despreciable bicho volvió a ser noticia y esta vez se dijo que un joven que integraba la patrulla vecinal del barrio de Cabañas recibió un balazo que iba dirigido al Hombre-Gato, quien logró escabullirse y escapar… ¡a bordo de un auto manejado por uno de sus amigotes-gato!

Sin cartita de despedida

El último megaoperativo del que se tiene noticia ocurrió en General Sarmiento a fines de febrero de 1985, cuando se lo vio por última vez. Seguramente consciente de que tarde o temprano algún vecino acertaría y le pondría fin a sus nueve vidas de un solo balazo, el Hombre-Gato se esfumó tan furtivamente como había llegado, dejándonos para siempre con la intriga de su identidad y de sus motivos.

En la nota de la Revista Oz se detalla la historia que hace 35 años atemorizó a la población y las extrañas teorías que se tejieron en torno a él (o ellos). Se dijo, por ejemplo, que los hombres gato pertenecían a una siniestra secta brasileña (de ahí las palabras sueltas que se les escucharon pronunciadas en portugués) y también se pensó que podía tratarse de una raza de supersoldados creada artificialmente por los militares.

Existe otro trabajo, esta vez una monografía, en la que se detalla las peripecias de esta bizarra investigación que transcurrió más bien en el ajetreado mundo de los medios antes que en el racional ámbito de la ley.

En el balance final, ante lo poco creíbles que sonaban las historias en torno a este curioso personaje, para las autoridades todo se redujo a un ataque inicial de algún pervertido que se disfrazó para abusar de una joven, al que siguieron un par de imitadores bobalicones. El resto –los testigos, los hombres cubiertos de pelos que corrían por los tejados, las patrullas vecinales- habría sido una pura invención –o por lo menos exageración- de los diarios y revistas que aquella vez incrementaron sus ventas con la saga de los ataques.

Pero invento o no, el Hombre-Gato quedó en la memoria de muchos que todavía recuerdan los días en que nos tuvo en jaque, y su leyenda forma parte de varios libros sobre los mitos urbanos de Buenos Aires.

No sabemos si está vivo todavía aunque descartamos que 35 años después esté en condiciones de volver a hacer de las suyas. Pero quizás acercándose a la vejez aquel gato malcriado haya madurado y se decida a ir a algún magazine de la TV y confesar que un día lejano de 1984 asustó a los argentinos liderando la pandilla de los Hombres-Gato.

Fuentes: https://laurbedigital.com.ar/noticias/2022/07/10/la-leyenda-del-hombre-gato/

La Leyenda del Hombre Gato (Documental) -Mitos Urbanos-




miércoles, 2 de octubre de 2024

El Arte de Oscar Reutersvärd, el padre de las figuras imposibles

 

Oscar Reutersvärd (1915 - 2002), es conocido como "el padre de las figuras imposibles", por ser un artista pionero en el arte de los objetos imposibles, es decir, aquellos imposibles de crear en la vida real por romper las leyes de la perspectiva y la geometría, siendo el más famoso de ellos el “triángulo de Penrose”. Este triángulo, creado por primera vez en 1934, fue homenajeado en 1982 apareciendo en sellos de correo suecos, pero no es su única creación (creo más de 2500 figuras), como veremos a continuación:



"Ventana imposible"


"Doble imposibilidad"


"Triangulo imposible con un giro"


"Menadro azul"


Sello postal en su homenaje




Fuente y mas imagenes:  Works – Oscar Reutersvärd – Artists – Moderna Museet