¿Puedes ayudarme a volver a casa?
Que descancen en paz...
CIUDAD NÚMENOR
9 de Enero 1998 de la
Novena Edad.
Análisis del fragmento
MOR-1678 "Piedra de Mordor"
El fragmento analizado
corresponde a un trozo de roca volcánica de forma irregular (medidas 40x50
aprox.) encontrado por el doctor Balsadera Retuerce en la ultima campaña
arqueológica realizada a orillas del Lago Cristamar (que según los estudios del
Profesor Franzio de Copenhagueser corresponde al antiguo emplazamiento de
Barad-dûr). Dicho fragmento presenta una superficie lisa por una de sus caras,
y en ella hay grabados signos, que por su simplicidad y tosquedad, no
corresponden con los alfabetos élficos de la época. Los análisis han
determinado que los grabados fueron hechos en el transito de la Tercera Edad a
la Cuarta por la raza orca que habitó el lugar.
Al parecer, se trata una
derivación corrupta de la lengua de Mordor (descifrada gracias a la archifamosa
"Estela de los Nazgûl"). A partir de ahí he podido hacer una
transcripción mas o menos literal de lo que podría ser un testimonio directo de
la última batalla de la Tercera Edad. Esto podría aportar grandes revelaciones
sobre ese punto oscuro en la Historia de la Antigüedad Fantastica que es la
cultura orca. Sin embargo, he de consultar con expertos en lingüística para
tener dar mas detalles.
Profesor Retuerce.
(Nota al margen: mañana
mismo me marcho a la excavación de Júnior para saber en que se está gastando el
presupuesto del Departamento)
Transcripción de la
"Piedra de Mordor":
SANGRE...BATALLA...HOMBRES-DE-MAS-ALLA-DEL-MAR...HOMBRES-CABALLO
[aquí falta una parte]
...PÁJAROS GRANDES
VIENEN... [intraducible]
...GRAN TEMBLOR FUEGO EN
MONTAÑA
...ELLOSVIENEN NOSOTROS
VAMOS
GROUK [¿nombre propio?]
DICE TÚ QUEDA
YO DESTRIPO GROUK Y CORRO
La Universidad Autónoma de Númenor es un sitio web humoristico hecho por fans de Tolkien y de El Señor de los Anillos, imaginandose como seria una universidad de la Tierra Media en La noveda edad del Sol (el equivalente a la epoca actual) Por ejemplo estas son las carreras impartidas, que incluyen entre otras cosas, el Orcanalisis:
El Orcanálisis es una
revolucionaria y sorprendente teoría de la psiquis desarrollada por el Dr.
Segismundo Frodo (o Fraude, como se lo conoce en Mordor). El Dr. Frodo postula
la existencia de tres entidades psíquicas que conviven en la conciencia humana
y que se interrelacionan en un complicado juego de pulsiones y represiones: el
Orco, el Hombre, y el Elfo.
El orco que todos llevamos dentro nos impulsa a cometer las acciones más indecorosas y desleales, alimenta nuestros apetitos primarios y aviva las llamas de nuestras pasiones más bajas. Es vehemente, irascible, y vive el mero presente. No analiza las consecuencias de sus actos ni toma precauciones para el porvenir. Pero, por otro lado, satisfacer al orco suele ser una de las alegrías más plenas y simples de las que dispone el hombre, un tesoro elemental que le proporciona vitalidad, una vitalidad fugaz pero provechosa.
La contraparte del orco es el Elfo. El elfo se empeña en reprimir las desaforadas ambiciones del orco, mostrándonos la vacuidad de sus caprichos y lo deleznable de su conducta. El elfo intenta despegarse de la mísera realidad en que se regodea el orco, e impulsar al hombre a contemplar las estrellas y arrobarse con su misterio y la belleza superior que encierran. El elfo es consciente del paso del tiempo, y más que en el puro presente, vive en los recuerdos y en el atisbo del futuro. Mientras que el orco puede cometer una vileza y olvidarla al instante, el elfo siente la vergüenza de sus malos actos, y la preocupación por sus consecuencias futuras. Se acusa al Elfo ser el causante del sentimiento de culpa, y de una tristeza que deriva de la consciencia de la fragilidad de la vida. Pero es también el responsable de los ideales más bellos que nos guían a través de la existencia.
El Hombre es aquella parte de la psiquis a cuyo cuidado queda el equilibrio entre las pulsiones y represiones del orco y elfo. Es el árbitro y el director, es quien toma las decisiones y se hace responsable de ellas. De su buen juicio depende la suerte del individuo […]
O la La Escuela de bombadilogia, entre muchos otros. Tambien les recomiendo la aventura de la Piedra negra, protagonizada por el profesor Indiana... ehm, quiero decir profesor retuerce.
Y por ultimo, el El Instituto Lingüístico Lambenor, para aprender sobre los idiomas y alfabetos creados por Tolkien para su magna obra.
Señales de advertencia distorsionadas
Cuando recibí el primero, estaba
literalmente a segundos de subir al avión cuando una llamada de
"DESCONOCIDO" sonó en mi teléfono celular. Era un tono de llamada que
no había escuchado antes, uno que estaba bastante seguro de que no venía con el
teléfono.
Normalmente, no me habría detenido a
contestar, pero esperaba una llamada sobre un trabajo para el que había sido entrevistada
la semana anterior. Respiré hondo y acepté la llamada.
—¿Hola?
"No te subas al avión". La
voz de una mujer, confusa y extraña, como si sus cuerdas vocales hubieran sido
destrozadas, y estaba tratando desesperadamente de hablar mientras se ahogaba.
A pesar de la cualidad desconcertante y fracturada de su voz, su tono era
insistente e inquietantemente tranquilo. Entonces la llamada terminó.
Me quedé helado. Siempre había
tenido una ligera fobia a los viajes aéreos, y algo en esta llamada
simplemente... no hay forma de que estuviera a punto de tomar un vuelo de siete
horas ahora. Me di la vuelta y me dirigí hacia el patio de comidas. Pensé que
tomaría otro vuelo más tarde en la tarde.
Vi desde el Starbucks del aeropuerto
tres horas más tarde cómo todos los televisores de la terminal se iluminaban
con las imágenes del accidente del avión en el que debería haber estado.
No hubo sobrevivientes. Ni uno solo.
Traté de rastrear la llamada. Lo
mismo hizo la policía. Pero no había nada que rastrear. No había evidencia de
que mi teléfono hubiera recibido una llamada en ese momento. Analizaron los
registros telefónicos, las comunicaciones entrantes y salientes a mi
teléfono... nada.
No me lo estaba inventando. No
podría haberlo hecho.
Esa no fue la única llamada. A lo
largo de los años, fueron pocas y distantes entre sí, pero siempre tuvieron
razón. Y siempre escuché.
"No vayas a esa cita a ciegas
esta noche". Cinco meses después, mi posible "cita" fue
condenada por matar a cuatro mujeres, todas con mi color de pelo y complexión.
Las encontraron en una tumba poco profunda a menos de 100 metros del
restaurante al que se ofreció a llevarme.
"No conduzcas al concierto de
esta noche". Un camión de dieciocho ruedas perdió el control y se estrelló
contra una fila de autos. Todos los conductores aplastados. Todos los
conductores muertos. En el tramo de la autopista donde habría estado
conduciendo.
No importaba si tenía un teléfono
nuevo, si me mudaba al otro lado del país, las llamadas seguían llegando. Casi
podía sentir la presencia de... Lo que fuese, lo que sea, velando por mí.
Me imaginaba estar en el fondo del
océano helado, todavía atada a mi asiento de avión de la sección de la clase
turista, o estar en esa fosa común frente al restaurante, o ver un camión de
dieciocho ruedas derrapando hacia mi coche, sabiendo que la muerte era
inminente, y que tendría una opresión en el pecho. Pensaba en lo delgada que
era esa línea. Lo cerca que había estado.
Si no hubiera tenido una entrevista
de trabajo de la que estaba esperando noticias, nunca habría escuchado esa
primera llamada. Y eso sería todo para mí.
Siempre sentí que algo venía por mí.
Pero siempre hubo esto... esta voz fracturada, deformada, con estas llamadas
que parecían no existir después de que las escuché. Señales de advertencia
autodestructivas, pudriéndose ante mis ojos. Y yo estaba viva.
Tenía un mal presentimiento sobre
este crucero.
Lo había planeado como una semana de
chicas con algunas de mis viejas amigas de la universidad, y esperaba con
ansias una semana en los trópicos en pleno invierno, pero una parte de mí casi
podía sentir que la llamada estaba llegando. Tal vez había visto Titanic
demasiadas veces, pero había un poco de miedo persistente desde el principio.
Esperaba que todo estuviera bien,
pero sabía que si algo iba a pasar, recibiría la llamada. Yo lo sabría.
Ahora, una semana antes de ir en el
crucero, después de entrar en mi apartamento después de regresar de cenar con
un amigo, me doy cuenta de que mi celular tiene un mensaje de
"DESCONOCIDO". Nunca antes habían tenido que dejar un mensaje. No lo
he comprobado en toda la noche.
Maldita sea, y yo también tenía
muchas ganas de ir en ese crucero. Ah, bueno. No valía la pena el horrible
destino que me esperaba en ese océano frío y oscuro.
Hago clic en "reproducir
mensaje" y siento que se me cae el estómago mientras escucho la voz, que
suena horriblemente distorsionada, como si emanara de una garganta cortada en
cintas, crepitando con más urgencia que nunca. Miro alrededor de mi apartamento
mientras la voz en el teléfono repite la misma frase una y otra vez.
"No vuelvas a casa después de
cenar esta noche. No vuelvas a casa después de cenar esta noche. NO VUELVAS A
CASA DESPUÉS DE CENAR ESTA NOCHE".
El
camino sin fin
En Corona, California, hubo una vez una carretera conocida por la mayoría de los lugareños como la Carretera Interminable. En concreto, el verdadero nombre de la carretera era Lester Road. Ahora, más de veinte años después, el paisaje de Corona ha cambiado y la Carretera Interminable ya no existe. Sin embargo, hace años, Lester Road era una carretera sin iluminación que, según la gente, se convertía en una carretera interminable cuando se conducía de noche. Nunca más se volvió a ver ni a saber de las personas que hicieron tal viaje.
La
leyenda se hizo tan conocida que la gente se negaba incluso a conducir por
Lester Road durante el día. Una noche, como muchos adolescentes de mi edad,
conduje por Lester Road, pero solo una corta distancia, y en mis faros parecía
que se había prolongado para siempre. Asustado, me di la vuelta rápidamente,
porque si continuaba por el camino, pensé que nunca más volvería.
La
perpetuación de la leyenda convenció a la policía local de investigar. Lester
Road giró bruscamente a la izquierda al final y no había barandillas. Más allá
de la curva había un cañón, y al otro lado del cañón había otro camino que se
alineaba tan bien con Lester Road que, visto desde el ángulo correcto,
especialmente de noche, el cañón desaparecía de la vista, y el camino parecía
continuar subiendo y pasando por encima de la colina al otro lado del cañón. Al
investigar el cañón, se encontraron docenas de autos, caídos a su perdición,
con los cuerpos en descomposición de las víctimas aún atados a sus asientos.
| Los Casacas Rojas Ingleses |
La historia comienza a finales del siglo XIX, cuando el ejército británico empieza a abandonar el tradicional colo rojo, pero los soldados y oficiales se buscan toda clase de excusas para resistirse: afirmaban que, cuando vestían de rojo, soportaban mejor las temperaturas tropicales.
Parece ser que tal idea llegó a ser tomada en serio y terminó interesando a algunos investigadores médicos: en el "Medical Bulletin" de los EEUU de junio de 1893 se menciona la "muy extendida idea de que la ropa interior roja posee un valor médico oculto"; se dudaba de si era una cuestión psicológica, o tenía alguna causa física.
Ni cortos ni perezosos, las autoridades científicas del ejército de los EEUU decidieron realizar un estudio para contrastar tal creencia, y así, en 1907 un tal teniente coronel William T. Wood, entonces inspector general del ejército en la recién conquistada Filipinas se lo encargó a un equipo de investigadores, dirigido por el oficial médico James M. Phalen. Dicho equipo seleccionó a mil soldados como "conejillos de indias", clasificados por peso, altura, color de piel y pelo, etc. y a otros mil como grupo de control, y encargaron ropa interior de color rojo para los primeros, y blanca para los segundos. Durante tres años, tendrían que realizar exámenes médicos y psicológicos periódicos para comparar resultados.
El primer problema surgió cuando llegó el cargamento desde Filadelfia en diciembre de 1908, y se encontraron con que el contratista había pensado que era para los soldados filipinos, más pequeños que los estadounidenses (los más mal pensados piensan que se equivocaron a propósito para ahorrar costes): en cualquier caso, se tuvo que sacar del estudio a los reclutas más grandes, reduciéndose a la mitad el número de sujetos.
El segundo problema fue que los gayumbos rojos eran de un algodón no demasiado apropiado para el clima tropical precisamente: los desafortunados elegidos para llevarlos se quejaban de picores y exceso de sudoración en salva sea la parte, lo cual, a su vez, era causa de guasa constante por parte de sus compañeros de unidad. Por otra parte, el colorante no debía de ser mucha calidad, puesto que, tras unos lavados, descolorían y parecían rosas o, peor, amarilleaban, lo cual daba lugar a más situaciones embarazosas.
Tras tres años de estudios, los desgraciados que quedaban se quejaban de picores, cansancio, dolor de cabeza, mareos, fiebre, visión borrosa, cólicos y ampollas. Los exámenes médicos mostraban pérdida de peso, caída de la tensión sanguínea y anemia, comparados con el grupo de control, con lo cual se dio por terminado el estudio y se abandonó la idea.
Eso sí, sirvió para que el doctor Phalen pudiese dar una conferencia en el congreso de la Asociación de Medicina Tropical del Extremo Oriente (seguro que más amena para los asistentes que la enésima charla sobre la malaria) y una publicación en la Revista Filipina de Ciencias (1) concluyendo que el caqui daba mejores resultados.
El coronel Phalen, mostrando su satisfacción por el deber cumplido.
Fuente: "An Experiment with Orange-Red Underwear," Philippine Journal of Science 5 (Dec. 1910): 525-46.
Soy un muchacho de 21 años con ganas de hacer historias, con el arma de la animación en sus manos. ¡Y qué viva Blender!
Pesadilla en el tunel del tren